
Ya está, hemos llegado a ese momento en que la extrema derecha nos explica qué es la clase trabajadora. Es excitante asistir al inaudito espectáculo de cómo alguien que por norma niega los derechos conquistados de esa misma clase aborda un discurso casi romántico sobre lo que el pueblo espera. ¿Qué quiere la pobre gente?, se pregunta retóricamente el iluminado: la gente humilde (suena un violín de fondo) quiere tener su pisito, su boca de metro cerca, quiere paz, seguridad, no quiere que violenten sus tradiciones, quiere escuchar el mismo idioma al vecino, quiere y tiene derecho a que el vecino se le parezca.