En el verano de 1949, en la residencia familiar de Outer Island, Connecticut, la artista Susan Weil (Nueva York, 1930) introdujo a su entonces marido, Robert Rauschenberg (Texas, 1925 – Florida, 2008) en la técnica del cianotipo, uno de los procedimientos fotográficos más antiguos, desarrollado por el científico y astrónomo inglés John Herschel a mediados del siglo XIX. Durante los dos años siguientes, la pareja exploró esta técnica en una serie de fotogramas que revelan tanto su curiosidad experimental como las preocupaciones estéticas que acabarían definiendo sus trayectorias individuales. Las cianotipias supusieron su primer reconocimiento internacional. Una nueva monografía, The Blueprints of Robert Rauschenberg and Susan Weil, 1950, reúne el conjunto completo de sus colaboraciones.









La pareja se conoció en la legendaria Académie Julian de París. Cuando Weil regresó a Carolina de Norte, a Black Mountain Collage, donde Josef Albers impartía un curso, Rauschenberg no dudó en seguirla. Para entonces, la artista ya dominaba la cianotipia: desde niña, su abuela se había autorretratado usando esta técnica —frecuentemente empleada en el siglo XX para reproducir planos arquitectónicos— con la ayuda de su padre, el arquitecto Dankmar Adler, colaborador de Louis Sullivan. No sería hasta después de la Segunda Guerra Mundial que la cianotipia comenzaría a abrirse paso con fuerza como recurso artístico.
Fuera de los marcos tradicionales de la fotografía y la pintura, el procedimiento desafía toda categorización. Sus imágenes, etéreas y visionarias, juegan con el tiempo y lo real, mientras exploran espacio y percepción, temas que Weil seguiría desarrollando a lo largo de su carrera. Esta combinación única de rasgos fascinó al artista americano —cuyo compromiso con el arte radicó en una constante y audaz mezcla de disciplinas— al mismo tiempo que Weil lo introducía en las posibilidades inéditas de cada imagen.

A su regreso a Nueva York, los artistas continuaron experimentando, bien en el jardín de su pequeño apartamento del Upper East Side, o en la cocina y el baño que compartían con el vecino. Realizadas sin cámara, las cianotipias no solo resultaban baratas dentro de su ajustada economía, sino que también les permitían enfrentarse a los grandes formatos del expresionismo abstracto. El proceso consistía en colocar sobre una lámina emulsionada elementos de diversa índole: follaje, telas y objetos domésticos. En ocasiones utilizaban un modelo —a veces uno de los propios artistas— y obtenían piezas a escala de cuerpo entero. Más tarde fijaban la imagen enjuagándola con agua y aplicando un agente oscurecedor. Aquella colaboración encarnaba en cierto sentido la unión de dos vidas en un proyecto común; en junio de 1950 contrajeron matrimonio.
Todo aquel procedimiento quedó documentado en 1951 en la revista Life, en un reportaje fotográfico realizado por Wallace Kirkland. Sin embargo, la composición de las imágenes no resulta inocente: Weil aparece relegada a los márgenes del encuadre mientras Rauschenberg concentra el protagonismo. Un patrón que recuerda a fotógrafas como Lee Miller o Lucia Moholy, cuya labor decisiva también quedó opacada por la presencia masculina, y mucho más a Anna Atkins, quien utilizó la cianotipia para elaborar lo que hoy se reconoce como el primer libro impreso e ilustrado con fotografías, Photographs of British Algae. Hubo de pasar un siglo para que obtuviera dicho reconocimiento.
“Existía la creencia generalizada de que los hombres ocupaban el lugar central en la creación”, destaca la artista Lou Stoppard en la entrevista con la escritora incluida en el monográfico. “Hacíamos este trabajo por la belleza del proceso, por la sorpresa que generaba, pero me importa cómo la gente lo ve después. Me molesta cuando se habla de los “Blueprints de Bob”. Casi no me incluyen, cuando todo partió de mí. Eso duele”. Refleja el sentir de las mujeres en la escena artística de la época, donde incluso un pintor influyente como Hans Hofmann podía mirar un cuadro de Lee Krasner y decir, como cumplido: “Es tan bueno que nunca sospecharían que lo hizo una mujer”. Tiempo después, en 1970, Weil se incorporó al grupo activista New York Professional Women Artists Group.

Mediante un diseño sobrio y delicado —en la textura del papel y la tela azul que reflejan el proceso físico de la cianotipia—, la publicación se presenta con el afán de reenmarcar tanto la obra como la historia de lo que fue una experimentación colaborativa entre dos artistas. Uno de los cianotipos fue seleccionado por Edward Steichen entre las 150 piezas que conformaron Abstraction in Photography, inaugurada en mayo de 1951 en el MoMA, mientras que otros acabaron en los grandes almacenes de lujo Bowitt Teller. Ese mismo año nació su hijo Christopher, pero pronto llegó la separación, y Rauschenberg comenzó su relación con Cy Twombly.
La técnica del cianotipo atraviesa toda la trayectoria de Weil, quien analiza el cuerpo humano de manera fragmentada y su relación con el tiempo, el espacio y la memoria. Sus obras forman parte de las colecciones del Metropolitan Museum de Nueva York, del Victoria & Albert de Londres y del J. Paul Getty Museum en California, entre otros museos, consolidando su legado en el arte contemporáneo.
Rauschenberg enseñó la práctica a artistas como Jasper Johns, aunque para él fue solo una etapa de transición. Décadas después, Weil le propuso retomar la colaboración en las cianotipias, pero la idea no prosperó. Los fotogramas permanecen como un testimonio vivo de la experimentación que marcó a ambos artistas.
The Blueprints of Robert Rauschenberg and Susan Weil, 1950 . Stanley Barker, 2025. 80 páginas. 58, 95 euros