A Rosa Maria Soberana, la segunda diputada de Aliança Catalana en el Parlament de Cataluña, aún se la veía afectada el miércoles por la mañana. No hacía ni 24 horas que su partido había admitido como un “error” haber apoyado en la Junta de Portavoces de la Cámara catalana que no se sancionara al partido de Santiago Abascal e Ignacio Garriga por llamar en 2025 “asesino” a Lluís Companys. Cuando un diputado de Vox se le acercó, la propia Soberana dio a entender que el partido le había urgido a recular. “Fue un error”, defienden desde el partido para admitir la rectificación.
El patinazo de Soberana no sentó bien en el núcleo de la formación de Orriols. Y más aún por haber apoyado a Vox, con quienes pretenden mostrar una distancia política a menos de un año de las elecciones municipales. “Tenemos proyectos políticos muy diferentes. Ellos son extrema derecha, nosotros somos centro”, justifica un portavoz de Aliança, que rechaza la etiqueta de ultraderecha a pesar de la islamofobia declarada de su líder. “El islam es incompatible en Occidente, pero no estamos en contra de los musulmanes. No sentimos odio para nadie”, mantiene.
La distancia proclamada, en todo caso, se agrieta en las votaciones. Según un análisis de EL PAÍS de todas las mociones de Vox y Aliança debatidas en el Parlament durante el último curso, Aliança solo votó en contra en el 28,3% de las votaciones sobre propuestas de Vox: se abstuvo en el 67,9% y votó a favor en el 3,8%. Su índice de no rechazo (apoyo y abstención), del 71,7%, se acerca al del PP (81,1%), socio habitual de Vox, y contrasta con el resto de la Cámara: PSC, Junts, ERC, Comuns y la CUP, los partidos que abogan por el cordón sanitario, votaron en contra en todas las ocasiones. A la inversa, la sintonía es aún mayor. Vox es el grupo que más respalda las iniciativas de Aliança: votó a favor en el 40% de las votaciones de sus mociones, por delante del PP (33,3%), y solo las rechazó en el 26,7%. “Podemos coincidir en algunas votaciones”, justifica el mismo portavoz de Aliança, “como también votamos a veces coincidiendo con la extrema izquierda”. En el conjunto de las cerca de 1.100 votaciones celebradas en el Parlament, en todo caso, Aliança Catalana coincide más con Junts (59,9%), el PP (53,4%) y ERC (51,4%) que con Vox (42,4%).
Una de las coincidencias más visibles entre Vox y Aliança Catalana aparece en el discurso sobre inmigración y seguridad, que ambos partidos introducen incluso en debates cuyo objeto formal es otro. En el último pleno del curso pasado, durante la presentación del informe anual de la Síndica de Greuges —centrado principalmente en el estado de los derechos y el funcionamiento de los servicios públicos—, Vox convirtió la inmigración en una explicación transversal de los problemas recogidos en el documento, mientras que Aliança vinculó las políticas migratorias con el aumento de las agresiones sexuales.
La mayoría de las formaciones políticas no dudan en situar a Aliança y Vox en un mismo espacio. El propio presidente de la Generalitat, Salvador Illa, plantea el eje político como una disputa entre “demócratas y autoritarios, entre demócratas y gente de extrema derecha”. Más explícito fue David Cid, de los Comuns, que aseguró que Vox y Aliança van al Parlament “a hacer ver que se pelean, pero después en los pasillos todo son arrumacos”, frase que indignó a Orriols, que pidió su retirada. La CUP lo resumió de otra forma: Vox habla de “prioridad nacional” y Aliança “hace la traducción automática al catalán”.
Los dos partidos niegan, en cualquier caso, que la sintonía en las votaciones responda a una coordinación política. “No hay relación política ni hacemos cafés, como dicen algunos desde la izquierda”, insiste Aliança. Vox ofrece una explicación similar: “Nuestra relación con Aliança Catalana es exactamente la misma que mantenemos con el resto de formaciones”. Y añade: “No negociamos ni consensuamos propuestas con ningún partido”.
Catalán y marco territorial, las diferencias
La principal frontera que Aliança reivindica con Vox es la cuestión nacional. “Nuestro punto número uno es la independencia. Ellos no tienen proyecto en Cataluña”, sostiene su portavoz. La formación de Orriols añade a esa distancia el uso de la lengua en el Parlament: “No hablan ni catalán”. Vox convierte precisamente esa diferencia en un reproche y acusa a Aliança de practicar un “cordón lingüístico” al “negarse a apoyar cualquier iniciativa que presentemos en español”. La formación de Garriga, que no esconde su amargura por la exigencia de Aliança en cuestión idiomática, asegura, en cambio, que vota las propuestas dándoles “completamente igual si están redactadas en español o en catalán”.
La propia Aliança ha hecho explícito en varias ocasiones que el idioma puede condicionar el sentido de su voto. En enero, por ejemplo, Orriols aseguró que compartía con Vox el diagnóstico sobre la situación de la industria, pero justificó la abstención “por respeto a Cataluña” y “a nuestra lengua”. Y en julio, en una moción sobre sanidad, anunció el voto favorable a uno de los puntos después de que Vox aceptara una enmienda de Aliança y accediera a redactarlo en catalán, según explicó en el atril.