“Estos dos últimos veranos ha cambiado por completo la percepción en las escuelas y talleres para adultos, vemos cómo ha cambiado absolutamente la percepción de la ciudadanía. Hacemos un trabajo de divulgación y notamos mayor aceptación”. Cecilia Ribalaygua, corresponsable del plan de Santander para adaptarse al cambio climático, incide en el factor clave que más moviliza a la ciudadanía: el bochorno afecta a los vecinos de manera directa, con más muertes y síntomas en olas de calor, noches más tórridas y peores condiciones laborales y vitales. Por eso los vecinos escuchan a los urbanistas, geógrafos, ingenieros medioambientales y físicos que modulan las calles y plazas para que el ascenso de la chicharra sea más llevadero. La temperatura media en Santander subirá por ejemplo este siglo entre 1,3 y 3,8 grados, según los científicos.
Para adaptarse y mitigar el alza de temperaturas, los responsables de la ciudad cántabra, Granada, Rivas-Vaciamadrid y Pinto han detallado sus planes en marcha en unas jornadas celebradas este viernes en la Universidad de Sevilla.
¿Cómo afrontan los técnicos ambientales las reticencias de los políticos o sus cambios de gobierno? “En Múnich [donde gobierna una diversa coalición de partidos] los técnicos les cuentan a los verdes la descarbonización y el acuerdo verde, y a los conservadores el valor local y la conservación de la economía. Es un tema de relato, porque al final los árboles y la sombra es sentido común. Al Ayuntamiento de Granada (PP) no le voy a vender el green deal, sino la calidad del aire, igual que a los refugios climáticos los llamamos en su día de otra manera. No hay resistencia desde el estamento político”, ha resaltado Ángel Luis Benito, director técnico de sostenibilidad, agenda urbana y fondos europeos en ese Consistorio andaluz. Patricia Macías, jefa de sección de urbanismo y medio ambiente en el Ayuntamiento de Pinto (Madrid), matizaba: “Es un fenómeno de palabras. Las estrategias están y no lo entiendo como un obstáculo”.
En esa línea, Francisco García, corresponsable del plan para Santander (PP), hacía un ruego que suele caer en saco roto: “Es importante obligar a que un cambio de gobierno no suponga una alteración de los principios rectores respecto al cambio climático. Ahora dependemos de la buena voluntad política y de lo bien armados que estén los contratos para evitar la variación de un partido a otro. Sé que es un brindis al sol”.
Durante los últimos cuatro años, Santander ha planificado intervenciones de renaturalización con 25.000 nuevos árboles, proyectos de naturalización en sus escuelas, aumentar la biodiversidad y a la vez restaurar las áreas degradadas de la ciudad, hasta 85 medidas. Ha sido un proceso participativo con agentes como Protección Civil, Cruz Roja o el Cuerpo de Bomberos que han dado datos básicos para el diagnóstico de la ciudad y así fijar cómo prepararse ante lo que viene. “No se trata de inventarlo todo de nuevo, sino de construir sobre lo que ya existe”, apuntaba Ribalaygua, cuyo equipo analizó durante casi un año bases cartográficas, población, infraestructuras, espacios naturales y los compromisos de la ciudad que afectaban a la adaptación al cambio climático.
También agencias como la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) nota esa creciente sensibilidad por parte de la clase política. “Cada vez nos llaman más las Administraciones y son más conscientes. Cuando Aemet pone avisos naranjas, aquí [en Sevilla] son 40 grados y hay que limitar el trabajo en el exterior. A la Junta andaluza le anticipamos que viene una situación anómala, para que sus hospitales se preparen. Veo bastante preocupación en las instituciones porque todo el mundo sabe que el cambio climático es un problema”.

Granada está entre las ciudades a la cola del país, con una situación climática “ya severa”, un fuerte incremento de días de ola de calor, necesidades de refrigeración, unas bajas calidad de vivienda y verde urbano y una capacidad adaptativa relativamente favorable, según el reciente informe Atlas de vulnerabilidad al calor, publicado por el despacho de arquitectos Trescientosmil y el Barcelona Supercomputing Center.
Para empezar a darle un vuelco al panorama de la ciudad andaluza, el Ayuntamiento ganó una convocatoria europea dotada con 17 millones y ahora desarrolla un proyecto en los barrios Norte, Chana y Zaidín, con el deporte, la música y el arte como vertebradores, intervenciones para renaturalizar los patios de los colegios, “caminos amables” en un itinerario norte-sur con pérgolas hexagonales, arbolado y huertos urbanos “para no morir atravesando la ciudad el 15 de julio”, en palabras de Benito.
Ante la carencia alarmante de piscinas recreativas que muchas ciudades del interior padecen, el director del Ayuntamiento granadino ha aclarado: “Las piscinas nos parecían algo más frívolo, pero ahora son un refugio climático básico para la población desfavorecida. Es gente sin recursos para irse a la costa y se trata de una forma para darle un sitio a la población”.
Por último, Rosario Sandoval, concejal de Educación en Rivas Vaciamadrid (IU), con 107.000 habitantes, ha explicado su reciente inversión de 14,4 millones para climatizar con aerotermia 12 colegios públicos y cinco escuelas infantiles. “Cada vez hace más calor. Madrid siempre ha sido bastante sofocante, pero ahora empieza en abril y dura hasta octubre. El calor en las aulas es insoportable. Me gustaría ver a muchos dirigentes trabajar a 40 grados”, ha retado.