Las universidades privadas (49) están a punto de pasar a las públicas (50) en número y, en este escenario, el presidente Pedro Sánchez ha anunciado este viernes en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) de Madrid un nuevo decreto que incide en el valor de la docencia frente al puro negocio. Un freno a lo que Sánchez llama “universidades chiringuito”. El foco esta vez no se pone en la creación de nuevos campus, sino en la calidad de cada título de grado o máster cursado a distancia; los que generan más polémica. Porque una institución académica puede cumplir los parámetros mínimos y, a su vez, contar con titulaciones de dudosa categoría.
Sánchez ha sido muy duro: “Han aparecido universidades con calidad cuestionable que se aprovechan de esta situación [la falta de plazas en la red pública] para hacer negocio”. Y ha sostenido que “una universidad no puede ser un chiringuito, un expendedor de títulos”. A su juicio, “tiene que ofrecer docencia de calidad, investigación rigurosa…“.
El decreto, que tendrá que tramitarse muy rápido si se quiere aprobar antes de las elecciones de 2027, establece que muchas carreras ―Sánchez no ha citado el listado estricto de grados, pero ha citado las sanitarias como ejemplo― deberán impartirse exclusivamente en modalidad presencial.
Y el presidente ha argumentado el porqué: “De esta forma vamos a evitar que algunas universidades privadas puedan aprovechar la creciente demanda de esas titulaciones y la falta de plazas suficientes en la universidad pública, para ampliar masivamente su oferta online sin garantizar los estándares de calidad y de presencialidad”.
En grados sanitarios, la red privada se está acercando a la pública en alumnado. En una década ―de 2015 a 2025― los estudiantes de pago se han duplicado (de 50.000 a 101.200) y los de la pública se mantienen (de 188.400 a 189.300). El principal escollo para crecer en estudiantes son las prácticas en hospitales y centros de salud.
Hoy no hay planes de estudios de Medicina, Veterinaria o Enfermería con docencia a distancia, por lo que previsiblemente estarán dentro de ese registro. En cambio, otros títulos, como Psicología, Terapia Ocupacional, Farmacia o Ciencias del Deporte, sí se imparten también en esas modalidades (mixto o 100% online) y, si finalmente entran en la lista, tendrán que modificarse y convertirse en presenciales.
Profesores más formados
Sánchez ha explicado que el 50% de los profesores de una titulación (presencial o virtual, pública o privada) tendrán que ser doctores. Y un 40% tener contrato a tiempo completo. De esa forma se quiere frenar la extendida precariedad laboral, también en los centros públicos. El decreto de creación de universidades vigente obliga a que la mitad del total del profesorado haya leído la tesis, pero este nuevo proyecto exige que se llegue a ese porcentaje en cada una de las carreras. Es decir, que no se concentren en determinadas titulaciones, en especial de letras.
El 75,5% de los profesores de la red pública son doctores ―va subiendo, 71,6% hace una década―, frente a un 58,3% en la privada, que está haciendo un esfuerzo fuerte de contratación de docentes con la tesis leída. Hace 10 años eran un 49,7%. Pero con diferencias entre ramas de enseñanza y, por tanto, entre titulaciones. El Sistema Integrado de Información Universitaria (SIIU) no desglosa esos datos.
El presidente cree que detrás de estas políticas autonómicas para la universidad pública hay una “obsolescencia programada”. Porque “primero se deteriora, luego se reduce su oferta y finalmente se presenta lo privado como la única alternativa”. Una “estrategia” que dice conocer “bien” porque se repite en la sanidad pública.
Sánchez sostiene que la falta de plazas públicas, que hace subir las notas de corte, lleva al alumnado a la red privada “y luego ese crecimiento se vende como una supuesta preferencia de las familias”. Y ha añadido: “Pero una elección forzada por la falta de alternativas, no es una elección, es una coacción que hace no garantizar la igualdad de oportunidades, como debe hacer todo sistema universitario”.
El presidente ha seguido con los símiles, comparando las “universidades chiringuito” con las aerolíneas low cost, que te “acostumbran poco a poco a que lo básico deje de venir incluido: el subir la maleta al avión, sentarnos con nuestros familiares o amigos”. En su opinión, estas compañías lo que quieren es “convertir lo que era común en un extra y lo que era una garantía en una mercancía, en un negocio”. Porque Sánchez no desea “ese modelo low cost para la universidad” para la educación de los hijos y el futuro de la educación superior.
En opinión del presidente, la clave radica en que muchas universidades públicas están infrafinanciadas “por decisiones que se toman políticas por parte de los gobiernos responsables [los autonómicos] y con menos recursos: lo que se traduce en peores infraestructuras, menos profesorado y menos plazas”.
Sánchez ha concluido con una reflexión general: “Todo esto lo hacemos porque un título universitario tiene que tener valor, se estudie donde se estudie, curse quien lo curse y se venga de la familia de la que se venga. Nos jugamos, creo, que estudiar en España siga abriendo las mismas puertas y que la sociedad siga confiando en quienes salen de nuestras aulas”.