El OAKA fue El Pireo. En la casa del Panathinaikos, el verde fue sepultado por la marea roja del Olympiacos y el conjunto griego barrió al campeón Fenerbahçe por 79-61 para alcanzar la gran final de la Euroliga. Los atenienses buscarán acabar con una sequía europea que se alarga desde 2013 a pesar de que pisa su quinta Final Four consecutiva. Peters sumó 17 puntos por los 16 de Vezenkov, y Milutinov fue un gigante con 13 rebotes.
Un parcial de 12-0 para los hombres de Bartzokas abrió la primera batalla de Atenas. El Fenerbahçe era un equipo sin ideas que transitó por el desierto hasta anotar su primera canasta cuando habían pasado 6m 56s de juego, una eternidad y mucho más en una semifinal europea. Un mate de Birch y un triple del eterno De Colo, que se retira a los 38 años al final de esta temporada, fueron las primeras alegrías ofensivas de los actuales campeones, indecisos a la hora de mirar al aro. Esa tímida resurrección al menos les permitió llegar con decencia al final del primer cuarto (18-12).
El Olympiacos dominaba el ritmo del encuentro y de nuevo sacudió a su rival como al inicio de la tarde. Esta vez fue un 11-0 a su favor y 5m 56s de los turcos sin probar una canasta, maniatado y sin un baloncesto fluido. El equipo que mejor defiende de Europa era en esta ocasión el mejor defendido. Dorsey y Peters castigaban el aro turco, apenas respondidos por Biberovic. El 33-24 con el que se alcanzó el descanso más parecía el marcador de un primer cuarto movido que de una primera parte.
Jasikevicius no podía creerlo. Por tercera vez se repetía la misma secuencia: 12-0, 11-0 y ahora 11-0. Eran 34 puntos del tirón en el inicio de los tres cuartos. Solo un equipo en la pista, el Olympiacos que reboteaba, corría, frente al Fenerbahçe desesperado y sin una canasta cómoda, de nuevo al remolque (56-41). Y encima con un enchufadísimo Vezenkov que sumó 14 puntos en ese tramo.
La caldera verde lucía teñida de rojo pero surgió entonces el orgullo del campeón. El Fenerbahçe no había dicho la última palabra y al menos arrancó el pulso final con la lección aprendida y un 0-8 a su favor. El campeón quería vender cara su piel pero acumulaba demasiada rémora y actuaba en territorio enemigo. El Olympiacos ya no flojeó, crecido y disparado rumbo a la final en la que quiere acabar con 13 años sin la gran corona.