El exjefe paramilitar Salvatore Mancuso es un testigo clave para entender la historia de la guerra colombiana y también los giros inesperados en la política del país. Lideró la desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia en 2004 y agradeció al entonces presidente, Álvaro Uribe, en una polémica visita al Congreso. Años después, fue odiado por ese mismo uribismo que le aplaudió en el legislativo, pues confesó que los paramilitares apoyaron electoralmente a decenas de esos congresistas. Tras ser extraditado a Estados Unidos por Uribe en 2008, y cumplir una larga condena por narcotráfico, volvió a Colombia en 2024 e intercambió sombreros con el entonces presidente Gustavo Petro, permanente crítico de Uribe. “Un intercambio de paz”, explicó el mandatario, que veía con optimismo que Mancuso entregara tierras despojadas y terminara de contar su verdad. Esta semana, la trama política de Mancuso dio un nuevo giro, ahora celebrado por la derecha uribista: acusó a funcionarios del Gobierno de izquierda de pedirle ser parte de un complot electoral contra la derecha.
“Delegados del Gobierno Petro nos pidieron a los excomandantes de las autodefensas acusar a tres hombres para ganar una elección”, dice en un video compartido en sus redes sociales. Se refiere a un encuentro que ocurrió en la ciudad de Valledupar en octubre del 2025, un año después del intercambio de sombreros, y de tres hombres de la entonces oposición de derecha: el expresidente Uribe, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras (quien falleció meses después) y el ahora presidente Abelardo de la Espriella, entonces aspirante presidencial. “Ninguno de nosotros aceptó”, dice Mancuso sobre la propuesta hecha a 16 líderes paramilitares. “Hubo molestia de parte nuestra, y ahí se dañó el encuentro”.
El antiguo jefe paramilitar dice que ese encuentro buscaba “cerrar el proceso de Ralito”. Por el Ejecutivo asistieron Angie Rodríguez, entonces jefe de la Presidencia; Victor de Currea-Lugo, asesor de Petro en temas de Medio Oriente; y Armando Benedetti, ministro del Interior. Mancuso añade que la propuesta la hicieron Rodríguez y De Currea y, tras la molestia, la mesa de paz no volvió a convocarse. “A las víctimas se les debe la verdad, no un calentario electoral o una campaña política”, critica.
Las declaraciones son un duro golpe para el petrismo, que vio en el regreso de Mancuso a Colombia la oportunidad de comprobar las acusaciones que han hecho por años a Uribe de complicidad con el paramilitarismo. También son un giro para el uribismo, pues le restaron credibilidad a Mancuso cuando habló contra el expresidente en 2012, y Uribe lo denunció por injuria y calumnia.
“Esto es muy grave. Mancuso confirma que el Gobierno Petro convocó a jefes paramilitares para concertar una campaña de desprestigio y calumnias contra Uribe, Vargas Lleras y Abelardo”, dijo el senador uribista Andrés Forero. Otros congresistas de su partido, Centro Democrático, exigieron que la Fiscalía investigue de inmediato. El testimonio de Mancuso no viene solo: lo respaldan declaraciones que dio en agosto Angie Rodríguez; y son hechos que también ha relatado el abogado de Mancuso, Juan Carlos Villamizar, quien escuchó la petición en boca de Rodríguez y de Correa-Lugo, alegando que la hacían por instrucciones presidenciales.
“No voy a aceptar que se me atribuyan hechos tan graves sin que exista una sola prueba”, se defendió Petro. “Si alguien utilizó un espacio de paz para presionar testimonios o fabricar acusaciones, que responda ante la justicia”, añadió sobre la posibilidad de que alguien haya hecho la petición. “Pero si alguien pretende atribuirme una orden que no he dado, también tendrá que responder por sus afirmaciones”.

Los ojos no solo se han posado en Petro sino en su ministro Benedetti. Si bien Mancuso y Villamizar no lo acusan de hacer la petición, lideraba esa mesa de paz, una que produjo ruido desde entonces porque no había un grupo por desmovilizar. De hecho, el comisionado de paz de Petro, Otty Patiño, nunca le dio su visto bueno a ese proceso. Benedetti incluso dio una entrevista al diario El Espectador en la que dejó en claro que esperaba declaraciones de los exparas contra políticos: “Es mejor que se sepa qué bandido está siendo candidato”, dijo entonces.
Tras las palabras de Mancuso y Villamizar, el presidente actual cargó contra el exministro. “Cree que, porque está callado, pasará de agache. Ni perdón ni olvido para ese criminal”, dijo De la Espriella. “Este es un perfilamiento de graves dimensiones y desde hoy lo hago responsable de cualquier cosa que me suceda a mí o a mi familia”, le respondió Benedetti, quien luego denunció que el Gobierno les retiró su esquema de seguridad.
Los ojos también se pusieron sobre Iván Cepeda, candidato presidencial del petrismo en las pasadas elecciones y arquitecto de la política de paz total del Gobierno anterior. Cepeda exigió desde el Senado que la justicia investigue las nuevas declaraciones de Mancuso. “El señor Mancuso y el señor Abelardo de la Espriella no son personas que no se han cruzado en la vida, son íntimos amigos”, dijo. Los dos hombres nunca han negado que se conocen desde que crecieron en la misma ciudad, Montería. Para el petrismo fue una bandera de campaña recordar la defensa pública que hizo De la Espriella de los paramilitares durante el proceso de hace dos décadas, alegando entonces que eran grupos con estatus político.
Pero, ahora, las declaraciones de Mancuso favorecen políticamente a Uribe y a De la Espriella, en un momento especialmente sensible para Cepeda, quien suma más de una década impulsando un proceso penal contra Uribe, en el que alega que el expresidente buscó sobornar testigos en las cárceles para enlodarle. Uribe, que perdió el caso en primera instancia y lo ganó en segunda, dice que fue Cepeda quien consiguió falsos testigos. El caso está en revisión de la Corte Suprema, gracias a un recurso de casación.
“¿Queda alguna duda de la infame persecución de la que ha sido objeto Uribe?“, dijo el senador Forero sobre las declaraciones de Mancuso, al argumentar que le quitan credibilidad a las denuncias del petrismo. ”No puede seguir haciendo carrera todo el modelo de persecución y la utilización de falsos testigos“, añadió su colega Hernán Cadavid, quien señaló el inesperado giro político del jefe para: “Se trajeron a Mancuso para hablar en contra de Álvaro Uribe y terminó hablando fue en contra del gobierno de Petro”.
Uribe no ha dado declaraciones aún sobre Mancuso, a quien denunció por injuria y calumnia cuando afirmó que había apoyado su reelección como presidente, en 2006. El comandante aplaudido en el Congreso cuando Uribe era presidente, abrazado por Petro cuando la izquierda gobernaba, sorprendió con sus declaraciones a los dos lados y ha vuelto a ser con ello protagonista en la política colombiana.