Cataluña tiene dos millones de hectáreas de bosque, que representan el 65% de su superficie. Es uno de los territorios de Europa con mayor proporción de zonas boscosas y esto, que es una bendición en muchos aspectos, también supone un reto importante en el contexto del cambio climático: si no se cuidan, los bosques son un combustible inacabable para los incendios. En lo que va de verano se han registrado en Cataluña 314 incendios, el más importante de ellos el de les Gavarres (Baix Empordà), que quemó unas 2.400 hectáreas. No ha sido uno de los veranos más intensos que se recuerdan, pero Jordi Tarradas, ingeniero forestal y director gerente de Boscat, la federación catalana de asociaciones de propietarios forestales, avisa que no por ello tiene que dejar de ser una prioridad: “Si no has hecho los deberes, es como una ruleta rusa. Sabes que tarde o temprano te tocará”.
Una de las tareas pendientes, la instalación de calderas para procesar biomasa y convertirla en energía, ha experimentado un gran impulso en los últimos años, con un aumento del consumo de un 19% en 2025, gracias a las inversiones de la industria catalana a partir de los fondos europeos. Pero para la tarea de fondo, la de tener los bosques limpios, queda todavía mucho recorrido.
Los deberes a los que se refiere Tarradas van en varias direcciones, desde la concienciación de la población a la prevención más básica, pasando por la gran asignatura pendiente: la gestión de los bosques, es decir, la limpieza que consiste en talar árboles, clarear las zonas más densas y retirar el sotobosque, el conjunto de ramas, arbustos y matas que se va acumulando en los bosques y que funciona como un peligroso combustible cuando se declara un incendio. Con la gestión actual de los bosques, ahora solo se aprovecha un tercio del material nuevo los árboles generan cada año, con lo que se van acumulando anualmente dos tercios de masa forestal. “Es una bomba de relojería. Cuando vemos incendios que no cesan y son tan voraces, es porque se alimentan de toda esta energía”, señala Tarradas.
De todas las acciones que se tienen que llevar a cabo para tener los bosques limpios, la que más ha avanzado es precisamente la que corresponde a la última parte de la cadena: la biomasa. El uso del material forestal para quemarlo como combustible en hogares e industrias es el último de los usos para una madera que anteriormente se debería intentar usar para construir muebles o otros materiales, en una cadena que intente preservar la madera para no devolver a la atmósfera antes de tiempo el dióxido de carbono que los árboles lograron capturar. Pero el mercado ha hecho que la biomasa haya avanzado más rápido que la gestión forestal en su tarea de extraer biomasa de los bosques. Y en esto ha tenido que ver el impulso de los fondos europeos.
Según los datos de la Generalitat, el consumo de biomasa en Cataluña creció en 2025 un 19%, hasta las 652.500 toneladas anuales. A su vez, la demanda de biomasa aumentó interanualmente un 57%, con un gran protagonismo de las grandes industrias, que han empezado a instalar en sus fábricas grandes calderas para consumir biomasa y así dejar de gastar gas para pasar a la energía renovable. Entre 2012 y 2025 se han puesto en servicio en Cataluña 4.529 instalaciones de biomasa, con una potencia total de 574 MW, según el Observatorio de Calderas de Biomasa de Cataluña.
“En los últimos años ha aumentado mucho el consumo por parte de industrias porque quieren descarbonizar su fuente de electricidad. Así también se ahorran los costes de las emisiones de dióxido de carbono y los cada vez más altos costes del gas”, señala Magda Melció, miembro de la junta directiva del Clúster de Bioenergia de Cataluña. Generalmente son las empresas que necesitan mucha energía térmica como el vapor (papeleras, el envasado para la alimentación, o la industria química) las que realizan esta inversión e instalan calderas de biomasa en sus fábricas. Normalmente lo hacen contratando una empresa que les da el servicio completo, incluido el personal para llevar la caldera: el sector de la bioenergía ya cuenta con 365 empresas que facturan 872 millones de euros, según un estudio de la agencia de la Generalitat Acció.
“Los fondos europeos han ayudado mucho, aportan entre el 20% y el 30% del coste de la inversión. Ha sido una palanca importante”, dice Melció. La biomasa, añade, “tiene la ventaja con respecto al gas de que tiene un precio estable, porque es un producto local, y porque se considera un producto de emisiones cero”. Ve un gran potencial en el sector, siempre que se gestionen bien los bosques para que siga fluyendo la oferta de biomasa: “Si llegásemos al punto de tener que importarla para satisfacer la demanda que ha crecido, no sería porque no tengamos biomasa, sino porque el sector de la gestión forestal no haya crecido al ritmo necesario”.
Bosques privados
En Cataluña, el 75% de los bosques son privados, en manos de unos 220.000 propietarios, mientras que el resto es de titularidad pública, sobre todo de Ayuntamientos y Diputaciones, y solo un 5% es de la Generalitat. La limpieza de los bosques privados lleva muchos años desatendida, porque la mayoría de sus duelos ya no vive de sus bosques y, como ocurre en la agricultura, falta relevo generacional e implantación en el territorio. A la gestión de bosques forestales se dedican unas 3.000 personas, organizadas en pocas empresas y la mayoría como autónomos. “Es un sector que se ha ido haciendo pequeño, es un trabajo duro, muy temporal y por el que se paga poco. Nos falta músculo para limpiar todas las áreas forestales como deberíamos”, señala Tarradas, quien cree que el Gobierno catalán debería poner más recursos para dignificar y profesionalizar el sector, y ofrecerlo como una buena oportunidad de trabajo para jóvenes y migrantes: “Sería una manera de repoblar el territorio, los bosques no son un problema, son una oportunidad”.
Precisamente, el Ejecutivo de Salvador Illa señaló como punto prioritario para este curso político la gestión forestal. Lo hizo tras el fin de semana que pasaron todos los consejeros en el monasterio de Les Avellanes, en Os de Balaguer, a finales de agosto, con la firma de un protocolo entre el Gobierno catalán y las cuatro diputaciones para mejorar la gestión de los bosques catalanes. “Proteger los bosques es un tema de país”, dijo Illa, quien aseguró que la Generalitat no recortará “ni un euro” en esta materia clave para afrontar el desafío del cambio climático. El protocolo prevé triplicar la gestión forestal, y pasar de las 418 hectáreas anuales que se han venido limpiando en los últimos años, a 2.000 hectáreas anuales en el futuro. Tarradas cree que el Govern va en la buena dirección, pero avisa que es aquí, en la limpieza de los bosques y en el aprovechamiento de todo su material más allá de para convertirlo en biomasa, donde debe estar el foco: “Tiene que haber más financiación y más estable. La dejadez histórica no se puede arreglar en cinco años. El tiempo lo marca el bosque”.