Hay muchos menos tejados realmente disponibles en las ciudades españolas para poner placas fotovoltaicas de lo que se calcula en ocasiones y, cuando sí los hay, su acceso no siempre es sencillo, pues los que viven allí pueden no ser los propietarios de la cubierta o hay que poner de acuerdo a muchas personas. Un nuevo estudio sobre la implantación del autoconsumo en Barcelona, barrio por barrio, muestra como, a pesar de importantes logros en los últimos años, el despliegue de esta tecnología es escaso y desigual, pues avanza fundamentalmente en los vecindarios más acomodados. El trabajo, realizado por el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA), resulta interesante porque identifica en la capital catalana los puntos débiles de la expansión solar que afectan a otras grandes urbes del país y porque propone también medidas para conseguir democratizar estas instalaciones, de forma que sean muchos más los ciudadanos que espera puedan beneficiarse de ventajas como pagar menos en la factura eléctrica.
“Se ha hecho demasiada literatura ficción sobre lo que realmente se podía producir con energía solar en las ciudades”, incide Rubén Martínez, director de Urbanismo y Ecología de IDRA y uno de los autores del trabajo, que asegura que “el despliegue de renovables en las grandes urbes en España está encallado”, a pesar de que sería muy ventajoso para el país, y “no solo por motivos ambientales”.
Las ciudades son grandes consumidoras de energía, pero hoy en día apenas producen ellas mismas. El estudio de IDRA contabiliza 3.344 instalaciones de autoconsumo solar que ya funcionan en Barcelona y calcula que estas cubren hoy un 0,46% del total del consumo eléctrico de la urbe. Según los investigadores, hay espacio para mucho más, pues estiman un potencial máximo de 1.191 GWh. Esto sería 40 veces más de lo que se produce ahora y podría llegar a suponer el 61,3% del consumo eléctrico de las viviendas de la ciudad. No obstante, incluso así, los expertos de IDRA advierten que con la tecnología actual esto alcanzaría como máximo para el 18,6% del consumo eléctrico total de la ciudad, y sería previsible que este porcentaje bajara si avanza también la electrificación del transporte o de los sistemas de climatización.
Aunque algunos sectores defienden que la revolución solar se haga mayoritariamente aprovechando los tejados para no tener que construir megaplantas fotovoltaicas en entornos naturales o rurales, Martínez asegura que “los cálculos no salen de ninguna manera, pues las ciudades tienen unos límites físicos”. Para el investigador, la realidad es que este es el espacio disponible, en cubiertas horizontales, pues de momento no considera tampoco viable un mayor aprovechamiento de balcones o superficies verticales de edificios. Al menos, estas son las cifras teóricas, pues luego hay que conseguir acceder realmente a esos tejados.
El trabajo de IDRA muestra que el autoconsumo en Barcelona se concentra en los barrios más acomodados. Las instalaciones están sobre todo en vecindarios de montaña como Vallvidrera, el Tibidabo i les Planes, la Font d’en Fargues, Sarrià o Pedralbes, donde coinciden rentas elevadas y una fuerte presencia de viviendas unifamiliares. En cambio, es difícil ver placas solares en barrios más populares como Ciutat Meridiana, el Turó de la Peira o la Verneda i la Pau. Según los investigadores, el propio diseño de las ciudades genera desigualdades de partida para aprovechar los rayos del sol, pues aunque las zonas populares suelen tener edificios con grandes cubiertas la superficie disponible por habitante suele ser más pequeña.
Como incide Martínez, “hoy en día hay que tener un tejado, poder decidir sobre él y contar con una renta”, dado que las ayudas públicas y bonificaciones en el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) aplicadas hasta ahora requieren adelantar la inversión. “No se puede simplificar tanto como para decir, así a lo bruto, que la instalación de placas solares es de ricos, pero sí que sigue el mismo mapa de la renta, de la propiedad y de la desigualdad”, señala el investigador, que reclama reequilibrar esta situación rediseñando los instrumentos fiscales y poniendo en marcha fondos para financiar por adelantado las instalaciones. No en vano, en la provincia de Barcelona, entre el 78% y el 84% de los expedientes residenciales bonificados del IBI corresponden a viviendas unifamiliares.
El trabajo de IDRA defiende que “democratizar la energía solar exige tratar los tejados como una infraestructura de interés colectivo, un bien común”. Del mismo modo, incide en distintas formas de aprovechar mejor las cubiertas disponibles. Una primera es por medio de los tejados de edificios públicos. En el caso de Barcelona, hay ya 284 instalaciones solares en 11 edificios de titularidad pública. No obstante, según el estudio, de momento la energía obtenida solo cubre los consumos de los propios edificios, por lo que “no contribuye a cerrar la desigualdad del autoconsumo doméstico”.
Otra posibilidad son las comunidades energéticas, entidades en las que ciudadanos se unen para gestionar su propia energía de forma colectiva. El trabajo contabiliza en Barcelona cuatro comunidades energéticas operativas, en los barrios del Poblenou, la Bordeta, el Guinardó y el Bon Pastor, aunque señala que hay otras iniciativas en proceso de desarrollo. Y, de nuevo, considera que la principal barrera para su expansión es la dificultad para acceder a cubiertas.
Para remediar esto, otra fórmula es el autoconsumo compartido por medio de pérgolas municipales. El trabajo cita dos experiencias piloto impulsadas por el Ayuntamiento de Barcelona, consistentes en pérgolas fotovoltaicas construidas en la plaza Alfons Comín y en la Ronda de Dalt que reparten la energía solar entre cerca de un centenar de hogares y comercios, con una reserva para familias vulnerables.
Asimismo, los investigadores consideran positivo el cambio introducido en el real decreto ley de respuesta a la crisis en Oriente Medio del pasado julio, que amplia a cinco kilómetros la distancia máxima entre la generación y el consumo en las instalaciones de autoconsumo compartido. Esto permite que ciudadanos que no cuentan con tejado en su edificio o su barrio pueden beneficiarse de instalaciones solares en cubiertas existentes dentro de ese radio. “Es muy importante que las renovables no solo se vean como una cuestión del medio ambiente, sino también de la autonomía y de seguridad energética, frente a los vaivenes de las guerras y la situación geopolítica, y como una forma de abaratar la factura eléctrica, ante la volatilidad de los precios”, recalca Martínez.