Lamine Yamal protagonizó uno de los momentos más comentados de la rúa con la que el Barcelona celebró este lunes su título de la Liga por las calles de la capital catalana. El delantero internacional apareció en lo alto del autobús descapotable ondeando una bandera palestina, una imagen que se viralizó de inmediato en redes sociales y generó todo tipo de reacciones entre aficionados y figuras públicas.
Ocurrió, sin embargo, que el asunto también se comentó en la Ciudad Deportiva Joan Gamper. No todos coincidieron. “La gente se queja de que los jugadores no se posicionan. Mirad a Lamine. Y no es la primera vez que lo hace”, argumentaron desde el área deportiva. El 10 del Barcelona, por ejemplo, ya había condenado los cánticos racistas en Cornellà durante el España-Egipto. “Musulmán el que no bote”, gritó la afición en el campo del Espanyol. Al día siguiente, Lamine escribió: “En el estadio se escuchó el cántico de ‘el que no bote es musulmán’. Sé que iba dirigido al equipo rival y no era algo personal contra mí, pero, como persona musulmana, no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable”, expuso el azulgrana.
Aunque desde el área deportiva se elogió la actitud de Lamine —una actitud que incluso le puede traer problemas con los patrocinadores: “A él se la suda, hace lo que considera que tiene que hacer”, aseguran quienes conocen al 10—, Hansi Flick criticó el gesto de Yamal. “Que Lamine apareciera con la bandera de Palestina son cosas que no me gustan. He hablado con él y, si él quiere hacerlo, es su decisión. Tiene 18 años. Es mayor de edad. Hay que tener en cuenta lo que la gente espera de nosotros. Lo que vi ayer fue muy emotivo. La gente estaba muy contenta; estamos para jugar al fútbol y para que la gente se sienta feliz”, señaló el preparador azulgrana. La respuesta del técnico, sin embargo, no sorprendió a la familia de Lamine. “El representante de Flick es Pini Zahavi”, soltaron con sorna. Zahavi es de religión judía. En el Barcelona, en cualquier caso, minimizan el asunto: “Flick no habla por Zahavi. Dice lo que piensa y piensa que no era el momento para una manifestación política”.
La celebración reunió a más de 750.000 personas, según la Guardia Urbana, en una jornada festiva que inundó el centro de Barcelona. Una multitud compuesta en su inmensa mayoría por jóvenes y niños se encaramó a balcones y marquesinas de autobús para festejar con sus ídolos, que se hartaron de firmar autógrafos, cantar y bailar en una nueva muestra de la conexión del equipo con su afición. La tarde arrancó con la foto de familia de la plantilla, el cuerpo técnico y la junta directiva alrededor de los trofeos, con el entrenador Hansi Flick flanqueado por el presidente electo, Joan Laporta, y el interino, Rafael Yuste.
Sin embargo, fue el gesto de Yamal el que acaparó la atención. No es habitual que un futbolista, y menos con 18 años, se posicione públicamente en un conflicto tan sensible como el de Oriente Próximo. Por ello, la imagen cobró una relevancia inmediata y tuvo un eco muy rápido en redes sociales. Yamal también la incluyó entre las fotos destacadas de su carrusel de Instagram, lo que descarta cualquier lectura de espontaneidad irreflexiva.
Uno de los primeros en reaccionar públicamente fue Gabriel Rufián. El diputado de ERC y reconocido seguidor del Espanyol alabó el gesto del futbolista: “Guste más o guste menos. Celebrémoslo. Bien por él”, escribió en redes sociales.
Yamal no fue el único en lucir una bandera con carga simbólica durante la celebración. Lewandowski, por su parte, ondeó la estelada desde lo alto del autobús.
Nacido en Mataró de padre marroquí y madre ecuatoguineana y criado en una familia de tradición musulmana, Yamal ya había dado muestras de su carácter fuera del campo. En marzo, tras sufrir cánticos islamófobos durante un amistoso de la selección española contra Egipto, respondió públicamente a través de Instagram: “Usar una religión como burla en un campo los deja como personas ignorantes y racistas. El fútbol es para disfrutar, no para faltar al respeto a la gente por lo que es o en lo que cree”.