Ha iniciado formalmente la elección en que México renovará 17 gubernaturas, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión y miles de cargos en ayuntamientos y legislaturas locales. En muchos sentidos será una dura prueba para el movimiento que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum, y lo mismo aplica para los partidos de oposición, las autoridades electorales e incluso para la prensa.
Enlisto 14 factores del derrotero de estas elecciones; por ahora, las primeras en tres décadas sin Andrés Manuel López Obrador rondando. Porque se juegan el control del Congreso y la hegemonía en gubernaturas, los partidos del oficialismo acaparan la atención: la definición de sus principales candidatos, el reparto de sus tareas en el territorio y el rol que asuman sus gobernantes, incluida Sheinbaum, definirá el juego.
Quién manda en Morena. En sus dos primeros años de Gobierno la presidenta Sheinbaum batalló para establecer autoridad en Morena. Las excorcholatas se han ido opacando y el CEN morenista puso cuadros alineados con ella. Es cada vez más evidente que en la plaza y en la conversación, su voz e imagen son las únicas de referencia. Pero está por verse si las y los candidatos a las gubernaturas serán los que ella prefiere, o personajes como Adán Augusto López le impondrán gente con la que se verá obligada a cerrar su sexenio.
Desgaste de gobiernos morenistas. La temporada de filtraciones lleva rato abierta. Gobernadoras como Marina del Pilar Ávila, de Baja California, o Mara Lezama, de Quintana Roo, han recibido sendas dosis de periodicazos. El balconeo de los excesos de mandatarios que se van no amainará antes de la definición de los candidatos oficialistas. Ruido mediático muy potente, mas profetizar una traducción en menos votos por el obradorismo es aventurado. Las encuestas muestran que el rechazo a Morena crece, ¿sabrá capitalizarlo la oposición?
Matrimonios por dinero. La Federación padece la resaca del burbujeo electoral de López Obrador en 2024. Han sido dos años a pan y agua. Solo hay una cosa peor para la democracia que un Gobierno volcando presupuesto público en campañas a su favor: que el dinero de las carísimas elecciones mexicanas surja de arcas criminales. ¿Morena quiere ganar a cualquier costo? ¿Qué Estado será el nuevo Sinaloa? ¿Más de uno? El fondeo ilegal de comicios en México no rima con una administración que batalla con llegar a fin de mes. Un riesgo enorme.
Operadores contra telegénicos. La lucha que podría fisurar al obradorismo surge de incentivos implícitos en las reglas. La encuesta como artificio engendra candidaturas tan llenas de fama como de humo. Liderazgos con más arraigo, gente que acompañó al obradorismo desde épocas en donde no surgían como hongos en agosto los “amigos” que regalan caravanas de la salud, por ejemplo, podrían resistir la coronación de los arribistas… y llevarse su gente a otra fiesta. La operación cicatriz en varios Estados será cirugía mayor con riesgo de hemorragia.
Trump pone y quita candidatos. El oficialismo cayó en su propia trampa. Diseñaron un sistema de impunidad que les hace en extremo vulnerables. Al haber renunciado a procesar judicialmente a gente de casa, entregaron esa potestad al presidente de Estados Unidos más injerencista en décadas. Las y los candidatos de Morena, y ni qué decir los del Verde, se saben a expensas de que les quiten la visa o los pasen al cuartito (si bien les va). Washington juega con ellos como el gato que tiene cogido por la cola a un ratón. Así de soberanos son.
La mañanera en modo guerra. Sheinbaum prefiere una trinchera electoral que una reforma fiscal. Optó por aguantar un año la medicina amarga de crear capacidades de recaudación. Defenderá desde su conferencia la anomia de unas finanzas exhaustas de tanto apretar a los mismos. Dale y dale contra García Luna y Calderón; todo contra el Fobaproa y los gasolinazos del PRIAN. Será propagandista en jefa. Si su cálculo es correcto, el triunfo pírrico será su premio mayor.
Victoria inmoral del Verde y la resiliencia del PT. El oportunista PVEM logrará quedarse con San Luis Potosí, en flagrante desafío al canon antinepotista pretendido por Sheinbaum. Y acarician Quintana Roo. Son la organización más exitosa de la falta de escrúpulos en la política mexicana. Con sus indispensables votos en las cámaras, disfrazan de presentable su permanente, y rendidor, chantaje. En el otro extremo, con un modo zen, el PT trabaja sus cotos en lo que mejor saben hacer: ganar apenas lo justo para refrendar la cláusula de la vida eterna.
La sombra de López Obrador. El nuevo libro del expresidente saldrá justo en la curva de ascenso del calor electoral. Nuestro bestseller retorna en papel, y ¿en video?, ¿en vivo? La presidenta prodigará, como a lo largo de dos años completitos, las deferencias del caso. Y las y los compañeros cumplirán el ritual de comprar y regalar. Nuevo ladrillo para el retablo de exvotos tabasqueños al que le urge novedad a fin de reanimar las trilladas consignas de sus mítines.
Un árbitro (demasiado) protagónico. El Instituto Nacional Electoral y el Tribunal se alternan para alinear como jugador número doce del oficialismo. El problema ya no es la falta de imparcialidad de estos réferis, sino su injerencia en el juego. Esa provocación constituye la carnada que algunos en la oposición se muestran incapaces de no morder. El partido Somos, para empezar, invierte demasiado capital en hablar del INE antes que de los pesares de los ciudadanos. Se gana con goles, no protestando contra el árbitro, así este ponga zancadillas.
Somos, ¿refresco a la conversación? Al nuevo partido le falta consumar la hazaña. Debe lograr el 3% de la votación de junio. Con todo en contra, veremos si pronto, al menos, se convierten en una voz que trascienda las erosionadas proclamas opositoras de “narcogobierno” y evite ser uno más que repica llamadas a misa en contra del autoritarismo. ¿Cómo distinguirse entre dos encendidos polos? La exmarea rosa tiene el derecho a la palabra dentro del debate partidista. Se lo ganaron a pulso, ojalá haya valido la pena.
Movimiento Ciudadano en tres pistas. En Nuevo León, Jalisco y Sonora el naranja busca probar que las intermedias son para afianzar identidad. Que luego de la atrabancada gestión de Samuel García estén vivas sus posibilidades de retener la gubernatura neoleonesa, y que Pablo Lemus tenga el viento a favor para mostrar que Morena llegó a su tope en la cuna del mariachi son el punto de arranque de MC. ¿Al fin dará el estirón Colosio Junior? Además de un lustroso apellido, Sonora merece a alguien realmente decidido.
Un PRIAN descentralizado. Las promesas son para el verano. Pasado este, priistas y panistas del país trabajan caso por caso en alianzas. Fueron definidos por los obradoristas como la unión imposible surgida de los fueros perdidos. Las respectivas dirigencias del PRI y PAN en manos de Alejandro Alito Moreno y Jorge Romero se empeñaron en distanciarse verbalmente de esa etiqueta mientras su mutua falta de estatura les condenaba a la misma cama. El éxito de coaliciones en lo local depende más de que lo nacional estorbe menos.
Ceder el paso. Defender el voto es una idea que ha comenzado a rondar como una causa en común de los opositores. Veremos si se concreta como una línea de acción que podría tener un subtexto que también revolotea, así sea muy embrionariamente: acuerdos no escritos de estorbarse lo menos posible en lugares donde la suma cero de las opciones antiobradoristas pavimenta la cancha a éstos. ¿Tendrán capacidad de ponerse de acuerdo para cederse el paso?
Prensa militante. Martin Baron, exeditor del Boston Globe y luego del ahora diezmado Washington Post, dijo alguna vez que el trabajo de la prensa era cubrir la guerra de Trump, no hacerle la guerra a Trump. En México algunos medios, completos, y bastantes periodistas, por su cuenta, se asumen en guerra contra Morena y el Gobierno; y, en similar posición están otro tanto de plumas, cartonistas y plataformas: en guerra contra todo lo que no sea Morena. Para entender la elección habrá que limpiar muy a menudo las gafas y el celular.