En TikTok, la red social que se erige como el espejo digital que mejor refleja comportamientos y tendencias, existe ya un paraguas temático bajo el que se encuadran vídeos que plasman la costumbre que algunos hombres tienen de andar siempre varios pasos -o incluso metros- por delante de sus parejas. “Un buen marido camina a tu lado”, titula Allan Ripp a una columna publicada en Wall Street Journal. “Mi mujer se quejaba de que yo tendía a caminar unos pasos por delante de ella, así que cambié mi forma de actuar”, asegura. Porque acompasar el ritmo al de la pareja a la hora de andar significa mucho más de lo que a priori pudiera parecer. La manera en que las personas caminan juntas, quién va delante, quién va detrás y si alguien se da cuenta de ello puede mostrar con sutileza el poder, la cercanía emocional y la atención existentes dentro de una relación. Las investigaciones en psicología social señalan que habitualmente, la posición física de las personas es un reflejo de los roles psicológicos que desempeñan. Un estudio publicado en el Journal of Nonverbal Behavior reveló que quienes tienden a caminar por delante son más proclives a ser percibidos como líderes o como controlan la interacción. ¿Es esto necesariamente negativo? En absoluto, pero el Dr. John Gottman, especializado en relaciones de pareja, asegura en sus investigaciones que la conexión emocional se manifiesta en pequeños gestos. Por descontado, adaptar el ritmo a los demás a la hora de caminar es uno de ellos y cuando una pareja no responde a las pequeñas señales cotidianas del otro, la distancia emocional crece.
Ripp explica en su texto que tras el reproche de su esposa, investigó en las redes sociales al respecto y se encontró con muchos vídeos en los que diferentes psicólogas e internautas analizaban fenómenos similares. Es el caso de Michele Paradise, especializada en la recuperación de abusos narcisistas. “Aunque caminar por delante de los demás es algo que puede pasar desapercibido, en realidad es bastante significativo. Los narcisistas suelen caminar por delante del resto para reafirmar su dominio y ser vistos como los líderes. Es su manera de señalar que son más importantes que tú o que cualquier otra persona del grupo. Y esta simple acción tiene su base en su necesidad de sentirse superiores y diferentes”, asegura.
¿Exagera? Olga Barroso, psicóloga especializada en la atención a mujeres supervivientes del maltrato en la pareja, considera que es esencial prestar atención a la manera en la que a cada persona le trata su pareja. “Que un hombre ande por delante significa que no puede estar a nuestro lado, es decir: que literalmente, no puede caminar a nuestro lado en la vida. En mi opinión, en la mayor parte de los casos, esto responde a que ese hombre solo se siente cómodo en la posición afectiva que le permite a él marcar el ritmo, ser quien es seguido y no en la de quien ostenta la condición de ser un igual a su pareja. Responde a que necesita ser superior a su pareja. Es una gran red flag”, explica a S Moda.
Por su parte María Bilbao, cuyo enfoque une la psicología sanitaria con perspectiva de género, inclusión y diversidad, no cree que se pueda hacer un análisis general de este comportamiento. “Hay personas que no saben ir en grupo o en compañía, son muy individualistas y les cuesta acompasarse al ritmo del otro. También puede ser una muestra de liderazgo de forma inconsciente, o se puede tratar incluso de personas hiperpragmáticas que están a lo que están y priorizan la actividad por encima del vínculo. Pienso que hablar de narcisismo o control basándose en un solo comportamiento es bastante arriesgado y simplista. Es verdad que no se suele ver tanto esto a la inversa, la mujer por delante, pero claro, es que los varones aprenden en su socialización una forma específica de ocupar expansivamente el espacio público y, tal vez, eso se nota al ponerse en marcha”, reflexiona.
Sin embargo, son muchas las mujeres a las que esta costumbre les irrita tanto que suben a internet vídeos que muestran a sus parejas andando unos metros por delante. Algo que Rahaf Harfoush, antropóloga digital, considera especialmente molesto. “En algún momento, con estos vídeos, vamos a tener que abordar el hecho de que tú, la persona que se queda atrás, estás permitiendo que esto siga ocurriendo. ¿Hay alguna consecuencia por dejarte atrás? Probablemente no, aparte de que grabas un vídeo pasivo-agresivo y lo subes a internet. Pero el hecho de que te sientas lo suficientemente cómoda como para subir este vídeo me dice que esto ocurre bastante y que estás frustrada”, dice. “Y lo entiendo, yo también lo estaría. Pero aquí está la cuestión: mi marido jamás caminaría delante de mí. Ese no es un comportamiento que yo toleraría. Nunca me dejaría atrás porque no tenemos ese tipo de relación. Caminamos juntos. ¿Por qué estamos tolerando esto?”, pregunta.
Barroso, autora de Rupturas. Relaciones entre hombres y mujeres en el patriarcado (Shackleton books, 2026), opina que si el hombre se sintiera bien en una relación horizontal, compartiendo, siendo un igual en la relación y decidiendo conjuntamente cuál es el ritmo, acoplándose a la pareja -no acoplando su novia a sus deseos-, no iría siempre o casi siempre caminando tres metros por delante. “Creo que es una muestra de que para estos hombres es superior a sus fuerzas ver, sentir y tratar a sus parejas como una igual. Algo que se puede dar en una persona narcisista, así como en una persona controladora y en una con un funcionamiento psicopático. Estas personas no pueden estar a gusto y tranquilas en una relación a no ser que su pareja no solo se ponga detrás de él, sino que se ‘ordene’ detrás de él”, asegura.
“Si alguna tiene una pareja que nunca camine al lado y que no tenga, además, comportamientos autoritarios, dificultades para gestionar bien que se le lleve la contaría, que se le señale un error, para cuidar a su pareja dejándola como protagonista si está vulnerable, que me escriba porque estaríamos ante una anomalía estadística y psicológica ante un kiwi que puede volar”, dice con humor.
Volvamos para terminar con Allan Ripp, el hombre que acompasó su ritmo al de su mujer tras haberle hecho ella ver la manera en la que se comportaba. “Hace poco me hice daño en el tobillo, pero seguimos saliendo a caminar. En una de esas ocasiones, me di cuenta de que Sarah empezaba a alejarse de mí, aunque no había ningún obstáculo delante que lo justificara. Aceleró el paso y me costaba seguirle el ritmo; ni siquiera miraba hacia atrás. Entonces recordé que ese día le tocaba recoger a nuestra nieta de su clase de ballet después del colegio. ‘Déjala seguir’, pensé. Es mejor que estar casado con una persona narcisista”, escribe. Porque quizás los kiwis pueden volar…