La nueva jubilación flexible ya es una realidad en España. El Gobierno aprobó a finales de mayo la reforma de esta opción, así como del retiro demorado, pero no ha sido hasta ahora cuando ambas han entrado en vigor. Desde este viernes, los jubilados que quieran volver a trabajar como autónomos y mantener a la vez parte de su pensión podrán hacerlo, una fórmula que hasta ahora solo era posible para la vuelta al trabajo asalariado. Y aquellos que hayan retrasado su jubilación durante varios años verán aumentadas las mejoras económicas por esta decisión. Con estos cambios, el Ejecutivo culmina una serie de transformaciones orientadas a fomentar que los trabajadores alarguen su vida laboral y retrasen el momento de la jubilación.
Todos los cambios en la normativa de Seguridad Social, aprobados en varias fases, han tenido dos objetivos principales: por un lado, aumentar los ingresos del sistema, incrementando las cotizaciones; y, por otro, incentivar que los trabajadores sigan en activo tras llegar a la edad de retiro. Ambas cuestiones buscan, en definitiva, fortalecer la sostenibilidad de las pensiones ante la llegada masiva, a partir de esta década, de jubilados de la generación del babyboom, algo que pondrá a prueba las costuras financieras del sistema.
Las primeras fases de la reforma retocaron, sobre todo, las modalidades de jubilación anticipada, parcial y activa. Mientras que las novedades que entran ahora en vigor afectan fundamentalmente a la jubilación flexible, que es aquella en la que una persona ya jubilada decide volver a trabajar y mantener parte de la pensión; así como a la jubilación demorada, que se produce cuando alguien cumple la edad de retiro pero decide seguir en activo y retrasar el cobro de al pensión.
La nueva jubilación flexible
El cambio más significativo en la jubilación flexible es que, hasta ahora, solo la podían disfrutar aquellos que retornaban a un empleo asalariado a tiempo parcial, compatibilizándolo con parte de la pensión. Desde este viernes, también podrán compatibilizar rentas del trabajo con una pensión los ya jubilados que vuelan a ejercer una actividad, pero como autónomos. Si bien, no deberán haber estado de alta en el Régimen de Autónomos (RETA) en los tres años anteriores a su retiro. El porcentaje de pensión que cobrarán quienes opten por compatibilizar con una actividad como autónomo será del 25% de la cuantía de la prestación de jubilación que estuvieran recibiendo.
También experimentarán cambios los porcentajes de jornada y pensión que cobrarán quienes, una vez ya jubilados decidan volver a trabajar de manera parcial, pero como asalariados. En esta modalidad la pensión se reduce en proporción inversa a la jornada (igual que antes), pero la novedad es que la jornada compatible con la pensión se amplía y deberá situarse entre el 33% y el 80% de la jornada ordinaria (hasta ahora estaba entre el 25 y el 75%).
Además, se establecen unos incentivos en forma de mejoras de la pensión si el jubilado decide volver a reincorporarse al mercado de trabajo por cuenta ajena y compatibilizar la pensión y el salario una vez pasados seis o más meses desde que se retiró. En ese caso el incremento de la pensión compatible será del 25%, si la jornada parcial a la que vuelve está entre el 55% y el 80% de la jornada ordinaria; y del 15%, si dicha jornada está entre el 33% y el 54%.
Los cambios del retiro demorado
En cuanto a la jubilación demorada, la última reforma se centra en mejorar el denominado complemento de demora, que es el incentivo económico que reciben quienes siguen trabajando una vez cumplida la edad de jubilación sin compatibilizarlo con la pensión. Hasta ahora, las personas que elegían esta modalidad para prolongar su vida laboral podían elegir entre mejorar porcentualmente la pensión (4% más por cada año completo de demora); recibir un pago único; o una fórmula mixta que mezclaba las dos fórmulas anteriores. En esta última modalidad mixta del complemento de demora (a la que se puede acceder si han pasado dos años desde que se cumple la edad de jubilación y el retiro efectivo) pasan a computar desde este viernes los semestres completos. Al no hacerlo por años completos como hasta ahora, mejora el incentivo.
Además, en las carreras demoradas muy largas, que son las que se prolongan nueve o más años después de cumplir la edad de jubilación, que opten por la fórmula mixta se establece un esquema fijo: cinco años se retribuyen mediante pago único y el resto mediante un incremento porcentual de la pensión (4% más de la pensión por cada año, 2% por cada seis meses).
En Europa compatibilizan más
Con todos estos cambios el Gobierno pretende que cada día haya más trabajadores que decidan retrasar el momento de su jubilación total, ya que las cifras de quienes optan por ello aún son residuales en España, aunque estén ascendiendo en los últimos años. En la nómina de pensiones pagada por la Seguridad Social en el pasado mes de julio se reflejó que 79.475 personas compatibilizaban salario y pensión fundamentalmente a través de las distintas vías de jubilación activa y flexible existentes. Esto supone que los casos han aumentando un 9,5% respecto a un año antes. Pero representa un escaso peso sobre el sistema, que no llega al 1% de los diez millones de personas que reciben una pensión en España.
Pese a ese crecimiento, la economía española sigue estando en estos parámetros muy por debajo de la media europea. Según las últimas cifras comparables de Eurostat, el 4,9% de las personas que comenzaron a percibir una pensión de jubilación en España siguió trabajando tras hacerlo, frente al 13% de la media de los Veintisiete.
Avances y obstáculos que persisten
Con las transformaciones que ahora culminan, se espera que en los próximos años aumenten las situaciones de compatibilidad entre trabajo y pensión, así como los retrasos totales de las jubilaciones. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indicó a finales del año pasado en su Estudio Económico de España 2025 que “todas las reformas del sistema de pensiones llevadas a cabo por España han supuesto avances hacia una mayor flexibilidad en la jubilación”. Pero añadía que “todavía persisten obstáculos que limitan la capacidad y la disposición de los trabajadores de más edad para permanecer en el empleo”.
Además, los economistas de la organización evaluaron los últimos cambios sobre compatibilidad de la jubilación activa y parcial y advirtieron que “pese a ellos, la complejidad administrativa y el escaso conocimiento de los derechos existentes pueden limitar la eficacia de los cambios del sistema”. El organismo también alertó de que “la inercia en el comportamiento de los trabajadores y la falta de información podrían seguir impidiendo que muchos empleados de más edad aprovechen las nuevas opciones disponibles”.
Un análisis muy parecido es el que acaban de hacer los economistas Nacho Conde-Ruiz y Jesús Lahera para el Instituto Santalucía. En un documento donde valoran todas las reformas legales orientadas a cobrar la prestación de jubilación y el salario al mismo tiempo avisan de que persisten numerosos fallos. “La coexistencia de tres esquemas —activo, parcial y flexible— con lógicas distintas en cuanto a cotización, cuantía y elegibilidad, genera inequidad horizontal y confusión institucional”, apuntan.
Sin un marco común que establezca principios uniformes, abundan ambos economistas, “el conjunto del sistema corre el riesgo de fragmentarse en regímenes superpuestos y de escaso uso real”. En consecuencia, Conde-Ruiz y Lahera proponen crear un modelo integral que unifique los criterios de acceso, de cálculo y de cotización “bajo principios comunes de proporcionalidad, neutralidad contributiva y seguridad jurídica”.
Para Octavio Granado, que ocupó el cargo de secretario de Estado de Seguridad Social con cuatro ministros distintos (todos del PSOE) cree que las reformas llevadas a cabo por el actual Ejecutivo “parece que van en la buena dirección”. Pero a la hora de determinar si son suficientes, el experto considera que siempre serán necesarias nuevas adaptaciones. “Aunque es evidente que en muchas ocupaciones se ha instalado una cultura del retraso en la jubilación que no existía hace pocos años, en otras todavía no”, concluye. Y añade la idea de que convendría hacer un “balance sociológico” que determine en qué ocupaciones sería necesario consolidar una jubilación más demorada, pero con reducciones paulatinas de jornada.