En su Cuenta Pública, del 1 de junio, el presidente José Antonio Kast anunció una serie de medidas con respecto a los penales chilenos, entre ellos, el fortalecimiento de los regímenes penitenciarios para recuperar, dijo, “el control efectivo de los penales, con tecnología de punta, control riguroso de accesos, comunicaciones, y la separación real de los internos según su nivel de compromiso delictual”. Poco más de una semana después, ese nuevo régimen especial de máxima seguridad ha comenzado a operar en cuatro cárceles chilenas, la última, desde este martes, en el Complejo Penitenciario La Serena, ubicado en la zona norte de Chile, a unos 470 kilómetros de Santiago. Allí se han instalado dos módulos destinados para 100 cupos, entre imputados y condenados, para aislar a los internos ligados a bandas de crimen organizado, como el Tren de Aragua, y a otros considerados de alta peligrosidad por Gendarmería, el servicio de prisiones. Entre las normas que debutan hay una vestimenta que el subsecretario de Justicia, Luis Silva, ha catalogado en un punto de prensa como “peculiar”, pues los presos con ese perfil en adelante usarán una chaqueta color naranja y un pantalón azul, que los distinguirá de los demás.