El pasado enero, Giorgia Meloni llegó a su cota máxima de adulación a Donald Trump al decir que esperaba que le dieran el Nobel de la Paz. Era su máxima defensora en Europa a pesar de sus ataques a la UE, la imposición de severos aranceles comerciales, sus amenazas de invadir Groenlandia y las violaciones del derecho internacional en Venezuela o Irán. Todo ello sin que en realidad se viera ningún beneficio para Italia, pero Meloni se presentaba como la interlocutora privilegiada con la Casa Blanca, el puente entre EE UU y la UE.