Los reflectores del mundo apuntan con anticipación al presidente Donald Trump. El mandatario estadounidense ha afrontado las elecciones intermedias con unos niveles de aprobación a la baja y una compleja lista de asuntos pendientes, en una cita que también sienta las bases republicanas para la contienda presidencial de dentro de dos años. A este lado de la frontera, en México, los resultados han sido tan cruciales como para el vecino, en un contexto en el que las dos economías nunca habían estado tan integradas. Ante un eventual giro demócrata, México tendrá que afinar su relación con un Washington más plural, mientras presiona por una rebaja en los aranceles que afectan a industrias estratégicas, como la automotriz, la siderúrgica y la del aluminio, además de por una revisión del tratado comercial de Norteamérica que proteja sus intereses.
El Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum espera que, una vez superado el trance de la votación, se despeje el camino para retomar las conversaciones sobre el TMEC. También, que se logre concretar un anticipado acuerdo bilateral que reduzca los aranceles de entre el 15% y el 50% impuestos por Trump con efectos adversos para la segunda economía latinoamericana. Esto marcaría un avance, luego de que la campaña hacia las midterms obligara a posponer varias veces la revisión de las condiciones del intercambio entre México, Canadá y Estados Unidos, pese a los innumerables viajes del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, a Washington y los buenos augurios de los mandatarios de los tres países para con el acuerdo.
Con el TMEC vigente, pero sujeto a revisiones anuales después de que Washington rechazara extenderlo por otros 16 años en julio, la relación económica entrará en una nueva etapa poselectoral: más expuesta a las tensiones bipartidistas en el Congreso estadounidense y con cabos sueltos en reglas de origen, contenido del vecino del norte en las cadenas de proveeduría regionales, restricciones a las inversiones chinas y la —nunca zanjada— posibilidad de nuevos aranceles ordenados por Trump. Aunque una victoria demócrata lograra modificar la correlación de fuerzas en el Capitolio, la Casa Blanca aún dispone de herramientas jurídicas para imponer tarifas, incluso a través de la Sección 232, que permite justificar decisiones comerciales por razones de seguridad nacional. Al unísono, otros asuntos como el control sobre el narcotráfico, las fronteras y la migración continuarán en ebullición, sin importar la inclinación de la votación popular.
“Los responsables de la política exterior, empezando por el titular de la Cancillería, siempre han actuado con pragmatismo, buscando forjar una buena relación independientemente de quién ocupe el poder”, señala Rodolfo Ramos, analista de la banca de inversión Bradesco BBI. El inversionista destaca que las autoridades mexicanas que mantienen una interacción constante con sus contrapartes estadounidenses podrían requerir modificar ligeramente su enfoque, aunque la política exterior se ha basado tradicionalmente en la prudencia en campañas y el contacto con diversos actores sin distinción de afiliación política. “En cuanto a las negociaciones comerciales, hemos observado avances significativos y medidas concretas por ambas partes –especialmente por parte de México– para cerrar el acuerdo (…) si bien los comentarios del presidente Trump sobre un posible trato deben tomarse siempre con una saludable dosis de escepticismo, no deja de ser alentador que se produzcan”, añade.
China y remesas, otros frentes
La firma de consultoría Integralia destaca que desde la entrada en vigor del TLCAN –el antecesor del TMEC, en 1994–, el comercio entre los dos socios se ha multiplicado casi por nueve, por lo que un eventual desacoplamiento de los eslabones productivos sería más costoso que nunca; una premisa en la que coinciden demócratas y republicanos. “Sin embargo, persistirán las amenazas arancelarias, las mayores exigencias de contenido regional y el uso del comercio como instrumento de presión política”, agrega la firma. Los vehículos fabricados en América de Norte deben cumplir con un 75% de contenido regional para gozar del arancel cero del TMEC, aunque la propuesta de Washington apunta a que al menos la mitad del vehículo cuente con partes estadounidenses, lo que implicaría priorizar ese mercado, en detrimento de las industrias de Canadá y México.
El otro punto donde también han coincidido demócratas y republicanos es que México debe evitar ser utilizado como un trampolín para que las mercancías provenientes de China aterricen en su mercado sin pagar aranceles. “El compromiso de Canadá y de México en relación con el tema China será un factor que va a gravitar en los resultados de esta elección de manera muy prominente”, ha resaltado Oliver Santín Peña, investigador del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El nuevo Legislativo también tendrá la facultad de decidir el presupuesto destinado a agencias como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), así como de revisar el impuesto del 1% a las remesas enviadas en efectivo, vigente desde enero de 2026. Además, tendrá un papel en el eventual debate de un marco que restrinja el acceso de los migrantes indocumentados al sistema financiero estadounidense, una iniciativa de la Administración de Trump para mayor fiscalización de las instituciones bancarias. Estas medidas no han provocado hasta ahora un impacto directo en el flujo de remesas, pero añaden costos y riesgos para los migrantes y sus familias.
Se estima que unos 218 millones de votantes se registraron para la fecha de este martes, convertida en un referendo a la gestión de Trump. De ellos, BBVA Research estima que al menos un 13,6% se autoidentifica como latinos o hispanos, por lo que el viraje en el Capitolio también tendrán consecuencias para la población migrante y sus vínculos económicos con México. Los ingresos por remesas que recibió México ascendieron a 5.362 millones de dólares durante el mes de septiembre, lo que representó un aumento de 1,6% respecto al mismo mes de 2025. Así, las remesas recuperaron su senda de crecimiento tras la caída de 3,6% registrada en agosto, según el reporte del Banco de México de este martes.