Dentro de las enfermedades cardiovasculares –la principal causa de muerte en España, con 120.000 fallecimientos al año, según datos del INE de 2023–, quizá sea el infarto de miocardio su expresión más aguda y conocida, la que más temor concita, pero también una de las que más innovación concentra. Durante décadas, la afección de esta parte del corazón –la compuesta por tejido muscular y responsable de las contracciones que permiten el bombeo de la sangre– ha sido sinónimo de muerte o de secuelas graves. Hoy, sin embargo, el pronóstico ha mejorado de forma notable por dos razones: los avances en los métodos de intervención y los cuidados posteriores para mejorar la vida del paciente. “Siempre hemos tenido un lema: tiempo es corazón”, resume José Tuñón, jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid). “Y para ganar corazón hay que intervenir cuanto antes y con la mayor efectividad posible”. En la importancia del después incide José Ángel Cabrera, jefe del servicio de Cardiología de los hospitales universitarios Quirónsalud Madrid y Ruber Juan Bravo (Madrid): “La rehabilitación cardiaca, en la que los estudios cada vez hacen más hincapié, salva y mejora muchas más vidas de las que creemos”.
Del código infarto a la angioplastia
Cada año se producen unos 70.000 infartos en España, uno cada 10 minutos, según estimaciones de la Sociedad Española de Cardiología. En muchos de ellos, la diferencia entre la vida y la muerte se mide en minutos. “Lo que se tarda en reabrir la artería y restablecer el flujo sanguíneo determina cuánto corazón se salva”, retoma Tuñón. Cabrera ilustra la supervivencia de manera clara: “Hemos avanzado mucho en mejorar el pronóstico. Un cuarto de los pacientes fallece antes de llegar al hospital, pero cuando llegan al centro médico la supervivencia crece hasta el 95%”.
¿Cómo se produce un infarto de miocardio?
ARTERIA SANA
ATEROSCLEROSIS
Comienzan a formarse placas de colesterol que dificultan el riego sanguíneo
SE PRODUCE EL INFARTO
- Cuando se produce un trombo y el riego sangíneo se detiene el músculo cardíaco comienza a sufrir isquemia (falta de oxígeno)
- El tejido cardíaco de la zona afectada se necrosa y muere. Es un daño permanente e irrecuperable
- Esta falta de riego trastoca la actividad eléctrica normal del corazón y puede provocar arritmias y paros cardiacos posteriores
A esta mejoría en el pronóstico han contribuido varios avances técnicos a la hora de abordar un infarto. Cabrera señala: “El más importante, quizá, haya sido la angioplastia primaria, un sistema que se ha perfeccionado con el paso del tiempo hasta convertirse en un estándar en la actualidad”. El procedimiento es relativamente sencillo en concepto, aunque especializado en su ejecución: se introduce un catéter en la arteria ocluida con un pequeño balón, el balón se infla para ensanchar el conducto y entonces se fija esta apertura con un stent (una malla metálica).
Esta técnica, y cualquier otra necesaria en la intervención de la arteria, se activa dentro del llamado código infarto, un protocolo que, en esencia, implica a todos los agentes médicos (ambulancias, urgencias, hemodinamistas, cardiólogos). Está pensado para diagnosticar y tratar –reabrir y perfundir la arteria– el infarto de miocardio con la mayor celeridad posible, dentro siempre de las dos primeras horas.
“Con el código infarto, hemos logrado reducir la mortalidad en un 50% al mes de que se dé la patología”
Juli Carballo Jefe del servicio de Cardiología del Instituto del Corazón Quirónsalud Teknon (Barcelona)
Para Juli Carballo, jefe del servicio de Cardiología del Instituto del Corazón Quirónsalud Teknon (Barcelona), este procedimiento ha supuesto “un antes y un después. Dentro de este código, la angioplastia se realiza en cuestión de minutos, cada vez con más efectividad y rapidez. Hemos logrado disminuir la mortalidad en un 50% al mes de que se produzca el infarto, ¡imagínate!”. Carballo ofrece un ejemplo clásico para explicar cómo se pone en marcha ese código: “Se activa con el típico infarto que imagina la gente: una arteria se obstruye y el paciente pasa de encontrarse bien a encontrarse mal de un minuto para otro. Entonces se pone en marcha un circuito que consigue que estos pacientes se deriven de manera sectorizada y con equipo de guardia que les atienden de manera inmediata. Se consigue que esa arteria esté cerrada el menor tiempo posible y se salva miocardio, se reduce miocardio necrosado”.
En paralelo, las técnicas para salvar miocardio han seguido evolucionando. Uno de los últimos avances es la tromboaspiración, la introducción de un catéter que se acerca a la zona del trombo y lo aspira. “Así limpiamos la arteria con mayor precisión para que quede completamente limpia y se pueda restablecer el riego sin que queden residuos. Hemos aprendido que hay arterias necrosadas o tapadas en las que es necesario hacer una revascularización completa”, señala José Ángel Cabrera.
El infarto de miocardio, en cifras
120.000
muertes anuales en España por causas cardiovasculares
10 minutos
Cada 10 minutos se produce en España un infarto. Son unos 70.000 al año
7 de cada 10
infartos se pueden prevenir
Un tercio
de las personas que sufren un infarto fallece antes de llegar al hospital
90%
de los pacientes sobreviven si llegan al centro médico
5 factores
de riesgo: colesterol, hipertensión, sedentarismo, tabaquismo y edad avanzada
Fuente: elaboración propia en base a los especialistas consultados
Aun así, el pronóstico no depende solo de la técnica sino del contexto del paciente y, sobre todo, del tiempo de actuación. “No es lo mismo un paciente deportista y joven que uno de más de 60 años con comorbilidades como diabetes. El pronóstico del infarto no lo decide solo la arteria que se tapa sino cuánto músculo salvamos y cómo queda el miocardio. Y eso depende del tiempo de intervención”, incide Cabrera.
La importancia del después
Si el código infarto y el avance de las técnicas de intervención han elevado la supervivencia inmediata, hay otra herramienta menos visible que determina la calidad de vida del paciente a largo plazo: la rehabilitación cardiaca, un programa individualizado y supervisado que combina ejercicio, educación para un estilo de vida saludable y apoyo psicológico. “Se ha demostrado que la rehabilitación cardíaca reduce hasta un 30% la mortalidad, pero a ella solo accede el 30% de los pacientes”, señala Cabrera.
“El verdadero tratamiento comienza después de abrir la arteria. La rehabilitación cardiaca conlleva una clara reducción de la mortalidad y de los eventos cardíacos a largo plazo. Es el futuro del paciente”
José Ángel Cabrera jefe del servicio de Cardiología de los hospitales universitarios Quirónsalud Madrid y Ruber Juan Bravo (Madrid)
Esta idea rompe con una percepción extendida: que todo termina cuando se supera la fase aguda, el infarto en sí. Pero es justo lo contrario. Carballo lo corrobora: “El infarto marca un antes y un después en la vida del paciente y el abordaje posterior es clave para evitar recaídas y mejorar la calidad de vida”. El reto, por tanto, no es tanto demostrar la eficacia de la rehabilitación como garantizar el acceso. “No se ha aprovechado todo lo que se debería aprovechar. Requiere infraestructura hospitalaria, monitorización, personal… Necesitamos que los hospitales y los centros destinen medios y espacios para que los pacientes entren desde el primer momento”, reivindica el doctor.
Prevención, el eterno telón de fondo
Aunque la tecnología y la innovación médica han mejorado el pronóstico del infarto, la prevención sigue siendo el principal pilar cuando hablamos de salud cardiovascular. “Hasta el 80% de los infartos se pueden evitar con un estilo de vida cardiosaludable: dejar el tabaco ya –lo que reduce el riesgo en un 50%–, controlar el colesterol y la tensión, llevar una vida activa y una alimentación sana”, sintetiza el cardiólogo José Tuñón. En el capítulo de la alimentación, además de incidir en las bondades de la dieta mediterránea, Tuñón subraya la importancia de la moderación y la prudencia: “Hay que vigilar las cantidades. Y comer más vegetales (legumbres, verduras, hortalizas y frutas), pescado… Y evitar las carnes, excepto las aves, y los lácteos, siempre en la medida de lo posible”.
“Hasta el 80% de los infartos se pueden prevenir con un estilo de vida cardiosaludable: alimentación sana, ejercicio, abandono del tabaquismo…”
José Tuñón Jefe del servicio de Cardiología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid)
Sobrevivir a un infarto es hoy más probable que nunca, coinciden los especialistas. El verdadero desafío es cómo vivir más y mejor después. Es ahí donde cobran una importancia mayúscula el continuo avance de las técnicas de intervención y la popularización de la rehabilitación cardiaca, aún por hacer. “Salvar el corazón es solo el primer paso. Mantenerlo sano para vivir más y mejores años es lo que marca la diferencia”, concluye Tuñón.