La polémica persigue la 61ª edición de la Bienal de Arte de Venecia, que acaba de quedarse sin jurado tras la renuncia de sus cinco miembros, según un breve comunicado colgado en la página oficial de la Bienal. Según otro comunicado publicado en E-Flux, el jurado habría dimitido “en respeto a nuestra propia declaración de intenciones”, en referencia a su decisión de excluir a la Federación Rusa y a Israel de los premios que otorga la Bienal, que tenían que haberse anunciado el 9 de mayo, día de la inauguración de la muestra.
Tras la decisión del jurado, la Bienal también ha dicho que no habrá ceremonia oficial el día de la inauguración y que moverá los premios al 22 de noviembre, día de su cierre, y será el público quien decida los ganadores. Además, ha readmitido en el concurso tanto a Israel como a la Federación Rusa, que podrán optar a los dos premios que Pietrangelo Buttafuoco, presidente de la Fundación Bienal de Arte de Venecia, ha decidido mantener: Mejor Artista y Mejor Pabellón Nacional.
“Todas las participaciones nacionales incluidas en la 61ª Exposición, según la lista oficial, son elegibles para el León de los Visitantes a la Mejor Participación Nacional, de acuerdo con el principio de inclusión y de igualdad de trato entre todos los participantes. Esto es coherente con el espíritu fundacional de la Bienal de Venecia, basado en la apertura, el diálogo y el rechazo de cualquier forma de cierre o censura. La Bienal aspira a ser —y debe seguir siendo— un espacio de tregua en nombre del arte, la cultura y la libertad artística” reza un comunicado que pese a no estar firmado por Buttafuoco, sin duda esconde una decisión que el Corriere della Sera le atribuye.
Además, según informaba el diario La Repubblica, los abogados del artista israelí Belu-Simion Fainaru enviaron un requerimiento formal a la fundación, invocando al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y amenazando con presentar un recurso si el artista era excluido de los premios.

Los cinco integrantes del jurado eran Solange Oliveira Farkas (presidenta), fundadora y directora artística de Associação Cultural Videobrasil; Zoe Butt, comisaria, escritora y educadora, fundadora del in-tangible institute y directora artística de deCentral, en Tailandia; la española Elvira Dyangani Ose, exdirectora del MACBA y comisaria y directora artística de la Bienal de Arte Público de Abu Dabi; Marta Kuzma, comisaria, teórica del arte contemporáneo y profesora en la Yale School of Art; y Giovanna Zapperi, historiadora del arte, crítica y profesora en la Universidad de Ginebra.
El jurado nunca había dicho de forma explícita que dejaba fuera a ambos países, pero en un ejercicio de eufemismo lo había dejado claro al referirse a la exclusión de la competición de los países cuyos líderes “están actualmente acusados de crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional. En esta edición de la Bienal deseamos declarar la intención de expresar nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos en el espíritu del proyecto curatorial de Koyo Kouoh”, explicó el jurado el pasado 23 de abril.
La dimisión llega el mismo día en que una comisión del Ministerio de Cultura italiano se ha entrevistado con Buttafuoco, quien había optado por permitir la participación de ambos países en “rechazo a cualquier forma de censura del arte y la cultura”, pese a las reticencias del ministro de Cultura Alessandro Giuli. La comisión, enviada por el ministro, lleva dos días en Venecia inspeccionando cuentas y papeles de la Bienal en búsqueda de algún error que quizás les permita darle la vuelta a la situación y hacer cambiar de opinión a Buttafuoco, que ha resultado ser un personaje mucho más díscolo de lo que el Gobierno Meloni pensaba cuando le otorgó el puesto.
Tras el Consejo de Ministros de hoy, la primera ministra Giorgia Meloni se ha pronunciado sobre la situación. “No sabía nada de la dimisión del jurado. En este asunto me he perdido un poco. Puedo decir que la decisión sobre el pabellón ruso es una elección que no comparte el Gobierno, pero la Bienal di Venezia es una entidad autónoma y Buttafuoco es una persona muy capaz. Pero yo no habría tomado esta decisión”, ha afirmado respondiendo a una pregunta sobre la Bienal. “Mejor no podía salir. Será una Bienal autónoma y democrática”, afirmó el viceprimer ministro Matteo Salvini, quien como todos los miembros de su partido, La Lega Nord, al contrario del de Meloni, Fratelli d’Italia, estaba a favor de la participación rusa. “Considero genial la decisión del amigo Buttafuoco”.
Pese a las cartas de protesta de coaliciones de artistas y comisarios de arte como Art Not Genocide Alliance, que pedían la exclusión de Israel de la Bienal, la posición del Gobierno italiano no era la misma respecto a la participación de este país que respecto a la participación rusa. Mientras que el ministro Giuli había expresado su desacuerdo respecto a la presencia del pabellón ruso, ayer se supo que había llamado personalmente a Belu-Simion Fainaru, el escultor israelí que representará a ese país en la Bienal, para expresar su desacuerdo con la decisión del jurado de excluirle de los premios. Hoy, en declaraciones al diario The New York Times, Fainaru ha dicho estar contento con la dimisión del jurado. “Su decisión respecto a mí era discriminatoria, racista”. “Soy un artista y tengo los mismos derechos, no se me puede juzgar por pertenecer a un país o una raza”, dijo Fainaru, quien añadió: “Solo debo ser juzgado por la calidad y el mensaje de mi arte. No pensé que la discriminación me fuera a ocurrir a mí ni a ningún otro artista que trabaje en Italia hoy”.
El ministro de Cultura Alessandro Giuli había expresado abiertamente su oposición a la participación rusa y teme que la Unión Europea cumpla sus amenazas de retirarle su parte de financiación —dos millones de euros— precisamente por incumplir con las sanciones europeas contra la Federación Rusa. El ministro de Cultura italiano no acudirá a la inauguración, y tampoco lo hará Glenn Micallef, comisario europeo de Cultura, quien ha declarado que Giuli “tiene mi apoyo absoluto. La decisión de la Bienal es incompatible con la posición de la UE”.
Pero al ritmo de noticias que ofrece esta Bienal sin ni siquiera haber abierto, todo está en el aire.