Un misil acaba de impactar en un bloque de viviendas en Zaporiyia, en el sureste de Ucrania. Hay que dejarlo todo y huir a otra ciudad más segura, tal vez cruzar la frontera en busca de protección. Para empatizar con quienes ven su vida devastada de un día para otro, Acnur inaugura este domingo 13 de septiembre la experiencia inmersiva Escape Room: Historias de una huida en la plaza de Juan Goytisolo (frente al museo Reina Sofía, en Madrid). La instalación consta de tres escenarios distintos. Una escuela vacía y abandonada en Afganistán muestra la prohibición de estudiar que los talibanes impusieron a las niñas y las mujeres casi de forma inmediata tras su llegada al poder en 2021. Un hospital bombardeado en Cabo Delgado, una región en el norte de Mozambique en guerra desde 2017, da a conocer la magnitud de un conflicto que ha provocado 1,3 millones de desplazados. Y una recreación de la casa de la ucraniana Natalia Marchenko, en Zaporiyia, que fue alcanzada por un misil a consecuencia de la invasión rusa a gran escala iniciada hace ya cuatro años y medio.
Los asistentes a la experiencia inmersiva, que estará abierta con entrada libre desde las 10 hasta las 20 solo el domingo, podrán detenerse ante estos tres habitáculos para intentar entender qué queda en el momento de la huida. En el caso del ataque a la vivienda en Zaporiyia, todo aquel que se acerque podrá imaginarse en esa situación y preguntarse cómo actuar, además de plantearse qué llevar consigo cuando te ves obligado a dejarlo todo atrás.
Salir casi con lo puesto Cuando alguien se ve obligado a abandonar su hogar de manera abrupta por ver su vida amenazada piensa en qué llevarse consigo para afrontar la huida de la mejor manera posible
Algunos objetos parecen imprescindibles, pero no lo son. Otros resultan fundamentales y se olvidan. Ante un ataque o bombardeo, apenas hay unos minutos para coger unas pocas pertenencias y salvar la vida
Medicamentos SÍ y NO. Las personas que requieran tomar medicación diaria sí deben llevarse los fármacos en el momento de la huida. Sin embargo, en los puestos de salud habilitados en los campos de refugiados o en zonas fronterizas se atiende a los desplazados que puedan requerir de asistencia sanitaria y se les suministra medicamentos si lo precisan
Un móvil SÍ. El teléfono permite dar señales de vida a otros familiares o amigos. Sucede con más frecuencia de lo esperado que padres e hijos puedan perderse en la huida. En el caso de las personas refugiadas, también resulta de utilidad comunicarse con conocidos que puedan residir en el país al que se dirigen
Dinero en efectivo SÍ. Para poder cubrir las necesidades básicas.
Víveres SÍ. Cuando alguien se ve obligado a salir casi con lo puesto de casa porque su vida corre peligro conviene llevar agua y algo de comida, el camino de huida para ponerse a salvo es incierto, puede alargarse más de la cuenta, algunos comercios pueden haber cerrado…
Pasaporte SÍ. El pasaporte, el carné de conducir o cualquier documento de identidad resulta imprescindible a efectos de identificación, pero no es necesario para solicitar asilo en otro país
Fotos NO. Muchos de los desplazados se llevan portarretratos con fotos de familiares en su huida, cuenta Fernández, es algo muy habitual cuando llegan a los puestos fronterizos. No resulta imprescindible para ponerse a salvo, pero tiene un gran valor emocional, es una forma de llevarse parte de su vida con ellos
Ropa de abrigo SÍ. El departamento de logística de Acnur trata de proporcionar mantas en los puestos fronterizos si las condiciones climáticas lo exigen, recuerda Fernández, que logró que llegaran 60.000 mantas en la crisis de 2015, cuando un millón de refugiados procedentes en su mayoría de Siria entraron en Europa. Pero esta asistencia no está garantiza, por lo que conviene salir con ropa de abrigo
Todo lo anterior es un supuesto genérico de cómo reaccionar ante la obligación de abandonar el hogar de forma inesperada, pero cada situación es única y requiere de una toma de acciones específicas
La lógica conduce a llevarse de casa lo mínimo y lo más vital, hay que ponerse a salvo, pero hay quien se niega a abandonar su vida, su sustento. Alfredo Fernández, un trabajador de Acnur ya retirado con 25 años de experiencia, rememora algunas situaciones vividas en los 68 países en los que asistió a desplazados internos y refugiados. “Recuerdo un hombre que llegó a la frontera en su huida al país vecino con un rebaño de 50 vacas”. Otro se presentó con dos toneladas de arroz, se negaba a dejar atrás la cosecha, pensaba en tener alimento y en vender parte. En un paso fronterizo entre Burundi y el República Democrática del Congo, recuerda, un señor mayor llegó en bicicleta con una estatua de madera del tamaño de una persona: “No traía equipaje. Era lo último en lo que estaba trabajando y quería continuar”.
Los primeros que huyen cuando perciben que la situación está deteriorándose son aquellos que cuentan con mayor poder adquisitivo o familiares en otros países
El tiempo medio que tarda un desplazado en un país de ingresos bajos en llegar hasta la frontera es de 10-12 días. Fernández recuerda que los primeros que huyen cuando perciben que la situación está deteriorándose son aquellos que cuentan con mayor poder adquisitivo o familiares en otros países, “una red de apoyo que pueda recibirlos”, afirma.
Casi 118 millones de personas se encuentran desplazadas contra su voluntad en el mundo, según el informe Tendencias globales de 2025 de Acnur. El sudanés Omer Elnaiem, coordinador creativo en la Agencia de la ONU para los Refugiados, va a estar presente en la inauguración de la experiencia: “Lo que espero es que sirva para recordar que estas personas no son solo cifras”. Y añade: “Se trata de saber que hay una niña en Afganistán que no puede ir al colegio y alguien en Ucrania al que le ha cambiado la vida en un minuto y ha tenido que abandonar su país…”. El momento, septiembre, cuando se inicia un nuevo curso escolar, es un mes muy duro para los refugiados, asegura, porque algunos no pueden estudiar. “Muchos padres que se acerquen a la exposición y estén preparando la vuelta al colegio de sus hijos se darán cuenta de que hay millones de niños en el mundo que no están escolarizados”, añade.
Entregadas al matrimonio forzoso si no hay colegio
Elnaiem lamenta que la educación en Afganistán deje de ser un derecho para convertirse en un privilegio y expone algunas consecuencias menos obvias de que las niñas y las adolescentes no estén escolarizadas debido a la represión de los talibanes: “Lo que acaba pasando es que las niñas son vistas como una carga para sus familias; entonces, se las entrega a hombres para que se casen con ellas. Y ya no pueden pensar en convertirse en médicas, ingenieras, escritoras… Dejan de imaginarse un futuro”, explica.
Fernández, que desde los 90 trabajó en emergencias humanitarias por todo el mundo, recuerda como en la oficina de Kunduz, al noreste de Afganistán, habilitaron un espacio como si fuera un lugar en el que ejercer la cooperación para que pudieran acudir mujeres a hablar simplemente con otras mujeres. “Podían contarse sus problemas, hablar de la vida que llevaban, el no poder salir de casa solas sin la compañía de un hombre…”. Fernández deja constancia de que en la época previa a la llegada de los talibanes al poder había mujeres a cargo de carteras ministeriales, pero al mismo tiempo muchas no contaban con respeto y atención, y había zonas en las que los talibanes trataban de aplicar en la sombra el código de conducta moral del islam, la ley sharía.
Espero que con esta experiencia los refugiados sean vistos de otra manera, como gente que tiene esperanza y sueños como los demás. Que deje de definirlos el peor momento de su vida, cuando tienen que dejar su casa
Elnaiem, que cuenta con 14 años de experiencia en Acnur, conoce Sudán (parte de su familia sigue residiendo en este país del noreste de África) y el vecino Chad. Recuerda que no solo la prohibición de los talibanes en Afganistán limita la escolarización: “Tengo tres sobrinos y una sobrina en Sudán que desde que empezó la guerra hace tres años y medio solo han podido ir al colegio un curso”, cuenta. “Los hombres causan las guerras y las primeras afectadas son las mujeres y los niños”, afirma. En los países en conflicto, recalca, el acceso a la educación es limitado.
La desatención psicosocial de las mujeres
La recreación del hospital principal de Mocímboa da Praia, en la provincia mozambiqueña de Cabo Delgado, que sufrió graves daños durante la ocupación de grupos armados no estatales en 2020, está inspirada en la historia de Josefina. Su trabajo como terapeuta en el hospital consistía en proporcionar ayuda psicosocial a las mujeres afectadas cuando comenzaron los ataques. Elnaiem explica las consecuencias de los bombardeos: “No solo se deja de atender a aquellos que requieran asistencia sanitaria, sino que desaparecen espacios para mujeres en los que sentirse seguras y recibir el apoyo psicológico que necesitan”. Concluye: “Esas mujeres no atendidas están abocadas a sufrir un trauma”.

Elnaiem lamenta que no exista protección internacional para instituciones civiles como un hospital. “Las escuelas no se bombardean. Los hospitales no se bombardean. Los puentes no se bombardean…”, afirma. “Pero la realidad es que sí está sucediendo”, se lamenta. “No quiero ser dramático pero tengo que ser muy sincero, la gente está muriendo a causa de estos ataques”, añade.
La ucraniana Natalia Marchenko vio cómo su vivienda en Zaporiyia quedaba destruida tras un bombardeo. El habitáculo correspondiente a Ucrania en la exposición está inspirado en cómo quedó el salón de su casa tras el ataque. “La primera razón por la que la gente huye es para ponerse a salvo y no morir”, afirma Elnaiem, que ha trabajado en Yemen, Líbano y Kenia. “Si tenemos por nuestra vida, podemos cruzar una frontera y buscar protección. Es lo que se acordó en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951”. Y añade: “El ejemplo de Ucrania nos sirve para mostrarnos que puede suceder en cualquier parte del mundo”.
Cuenta Elnaiem que a las personas refugiadas les define el peor momento de su vida, cuando tienen que dejar su casa y abandonar el país. Al resto, dice, nos definen nuestros mejores momentos, nuestras capacidades: “Haces algo y el mundo lo celebra porque has hecho algo que está bien”. Elnaiem espera que, con esta experiencia, los refugiados sean vistos de otra manera, como gente que tiene esperanza y sueños como los demás.
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Redacción: Mariano Ahijado
Coordinación editorial: Francis Pachá
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Desarrollo: Rodolfo Mata
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