El 10 de agosto, mientras Sebastián Mejía (Pereira, 38 años) bajaba en dirección al centro de Pereira para recoger a sus hijas en el colegio, vio la ciudad envuelta en gruesas nubes de polvo. No habían pasado más de 10 minutos desde que un terremoto de magnitud 7.4 había sacudido a Colombia, y la capital de Risaralda había sido una de las ciudades más afectadas (alrededor del 23% de la población resultó damnificada). “Muchas partes estaban destruidas, la gente se metía en contravía”, recuerda.
Con la familia segura en casa, hacia las 10 de la mañana salió en su bicicleta a ver qué tan afectado había quedado el centro de producción de El Barista, su cadena de cafés, y para crear dos centros de acopio. “El Barista siempre ha apoyado a la ciudad en los momentos importantes: la pandemia, el estallido social”, dice Mejía.
En uno de esos recorridos se cruzó con su amigo Felipe Restrepo (Medellín, 44 años), que había vivido el terremoto en un piso 19. “El movimiento era tan fuerte que tuve que pegarme a la pared para mantener el equilibrio”, cuenta. Mientras tanto, por la ventana que daba al centro de la ciudad, veía caer los edificios. Cuando logró salir a la calle, lo impactó el ruido: “Era un sonido permanente; una mezcla de gritos, llanto, carros que pitaban, estructuras que caían. Se me va a quedar para siempre”, dice.
Tres días después, el 13 de agosto, Mejía y Restrepo crearon Alluda, una plataforma digital destinada a centralizar la información de las donaciones, a coordinar su distribución y a poner orden en la ola de solidaridad cívica que despertó la tragedia. “La gente salía a colaborar como pudiera, pero se perdía tiempo porque llegaban con agua a un albergue que necesitaba comida”, cuenta Mejía.
En un primer momento, la plataforma les permitió a los centros de acopio registrar su inventario y rastrear los envíos para asegurarse de que las donaciones llegaran donde realmente se necesitaban. Muy pronto fue ampliando sus herramientas, gracias al trabajo colectivo de amigos y desconocidos. Restrepo duró unas 16 horas sentado frente al computador, mientras a su lado su hermana le leía los mensajes de WhatsApp con sugerencias para actualizar Alluda, enviados por Mejía y decenas de voluntarios desde las calles de la ciudad.
Así, fueron sumando funciones: alertas para que los centros de acopio pudieran avisar cuando les faltaba un producto, un registro para que las personas pudieran hacerse voluntarias u ofrecer sus vehículos, una opción para subir fotografías y facilitar la ubicación de los centros de acopio…
Solo ocho horas después, la plataforma ya tenía 79 centros de acopio registrados en 16 municipios y 320 voluntarios inscritos. Tras una semana, las cifras habían aumentado a 210 centros en 38 municipios de 11 departamentos y 1.350 voluntarios. En esos primeros siete días, a través de Alluda, los centros de acopio habían reportado la entrada de más 7.700 paquetes, además de 3.627 artículos sueltos y 400 litros de agua.
Era el reflejo de una ciudadanía que desde el primer momento había salido con lo que tenía a mirar cómo socorrer al prójimo. “Tras una emergencia llegan muchas ayudas, pero a veces se concentran en unos lugares mientras otros siguen con necesidades enormes. La plataforma nos evitó trabajar a ciegas y nos hizo sentir que había una red, que no éramos solamente nosotros”, dice Natalia Cardozo, vicepresidenta de la Fundación Conexión Humana, que utiliza Alluda casi desde el principio. Pronto, la historia de la plataforma trascendió fronteras y el diario The New York Times la registró como un ejemplo de la solidaridad ciudadana ante la tragedia.
Restrepo y Mejía se habían conocido en El Barista en 2014. En ese entonces, el primero dirigía una empresa de consultoría y desarrollo digital, Cerezo Studio, y el segundo comenzaba con el negocio, pionero en Pereira, de ofrecer cafés especiales. Desde entonces se habían mantenido en contacto, incluso después de que Restrepo viajó a Francia a montar Odaptos, una startup que utiliza inteligencia artificial para analizar las emociones de las personas.
El domingo siguiente al terremoto, se reunieron para hablar del futuro de la plataforma. A diferencia de otras surgidas con el mismo propósito, querían que Alluda mantuviera activo el apoyo cuando la solidaridad comenzara a decaer y, sobre todo, que jugara un papel importante en la reactivación económica de la ciudad y en los diálogos ciudadanos sobre cómo reconstruirla. “La respuesta era apenas el comienzo. Sabíamos que era necesario pensar en cómo apoyar a la gente cuando regresara a su cotidianidad y se encontrara con las empresas caídas, sin red de proveedores y con facturas por pagar”, dice Restrepo.
Se pusieron manos a la obra. Sumaron a la plataforma un banco digital de empleo, donde las personas pueden ofrecer su talento, buscar a quién contratar o apadrinar un negocio para ayudarlo a salir adelante. Hablaron con el SENA y registraron en la plataforma 701 profesionales de la construcción en distintas áreas, para evitar estafas y facilitar la labor de levantar de nuevo la ciudad. Comenzaron el proceso de constituirse como fundación para ampliar su impacto y desarrollaron la idea de crear un día cívico para promover la colaboración entre vecinos. “Pereira tiene un ADN de convite. No hay que olvidar que aquí, desde el más rico hasta el más pobre cargaron ladrillos para construir el aeropuerto, la Villa Olímpica…”, dice Mejía.
El primer día cívico tuvo lugar el 10 de octubre. Bajo el lema Pereira se levanta en convite, en varios barrios de la ciudad organizaron eventos, donatones y colectas entre vecinos para distintas labores de reconstrucción. “Nuestra meta era tener cinco actividades, pero se registraron 25 convites, porque las comunidades y las empresas aliadas empezaron a crear los propios”, dice Ana Isabel López, cofundadora del día cívico.
Los vecinos del barrio Providencia, uno de los más afectados, vendieron sancochos hasta recolectar 3.400.000 pesos para reconstruir una estatua de la virgen insignia del lugar. La entidad Viajeras entre Letras logró entregar en Caimalito, una comunidad vulnerable, insumos de aseo y media tonelada de ropa para atender a 100 familias. Y donatón del Centro Comercial Parque Arboleda, causa principal del día cívico. recolectó más de 130 millones de pesos para reconstruir la sede de la Fundación Malabareando las Calles, que atiende a niños, niñas y jóvenes en situación de calle. “Ese día me hizo recordar mi ADN pereirano y sentir que podía hacer algo importante por los demás”, recuerda Juan Sebastián Echeverry, colaborador de Alluda.
Hoy, Restrepo y Mejía tienen la meta de lograr que nadie tenga que volver a empezar solo. Por eso, Alluda sigue en su labor de alertar sobre las necesidades de los centros de acopio, conectar a los pereiranos para facilitar la reconstrucción y planear días cívicos para el segundo sábado de cada mes, hasta finales de 2026. “No podemos vivir pensando que alguien va a llegar a ayudarnos. Nos toca ayudarnos entre nosotros y eso hace parte de la esencia de esta ciudad”, dice Mejía.