Cuando en verano el jurado del Premio Nacional de Cinematografía glosó las virtudes de Carmen Machi como galardonada, apuntó que lo recibía “por ser una de las actrices de comedia más importantes de la historia del cine español”. Aunque es cierto que posteriormente añadía: “También ha destacado en todo tipo de géneros. Ha sabido conectar con el público masivamente, no afectándole su enorme popularidad para acercarse a proyectos más autorales”. No hay una actriz como Carmen Machi (Madrid, 63 años) porque no hay una intérprete en España que haya triunfado de manera tan colosal a la vez en teatro, cine y televisión, y que a la vez haya sabido navegar en todo tipo de proyectos. “Bueno, bueno, bueno”, se sonroja la aludida delante de una botella de agua.
La entrevista se celebra a cinco días de que este sábado reciba el reconocimiento de manos del ministro de Cultura, Ernest Urtasun, en un acto dentro del festival de San Sebastián. Cuando anunciaron el premio, Machi se encontraba rodando la segunda temporada de Celeste, la serie de Diego San José. A San Sebastián llega tras acabar otro rodaje, esta vez de cine, y con la agenda cargada para los próximos meses, como una película con Alex de la Iglesia. Eso sí, la entrevista no tiene límite de tiempo y supera la hora de charla. Y mira al futuro: “Ay, tengo un proyecto en el extranjero precioso… y no puedo decir más”. Pudiera ser Porto Rico, la película que va a dirigir Residente. Pero antes de seguir filmando, el Nacional de Cine.
Pregunta. ¿No pensó que le iba a llegar antes el Nacional de Teatro o de Televisión que el Nacional de Cine?
Respuesta. Es que nunca pensé que me llegaría ninguno de ellos. Es que ni dedico tiempo a las nominaciones a los Goya. Yo no pienso jamás en premios. Y cuando los recibo, me quedo atónita. Eso sí, todos los agradezco. En cuanto al Nacional de Teatro, es cierto que empecé muy joven a hacer teatro y he hecho muchísimo, pero a estas alturas he trabajado más en el cine que en el teatro.
P. ¿Ya ha preparado el discurso?
R. Pues es que he ido encadenando trabajos… Aún no lo he rematado y hay cosas que no puedo decir en esta entrevista porque las quiero usar ahí [risas]. Las loas las harán Diego San José y Félix Sabroso.
P. El jurado alabó su vis cómica, pero ¿y la dramática?
R. No me importa cómo me definan. Yo tengo tanto respeto a la comedia y sé lo difícil que es hacerla, que entiendo esa frase como un halago. Hay una imagen mía como actriz asociada a la comedia y no es ni bueno ni malo. Insisto, la comedia es bastante difícil de hacer y, si no, que se lo digan a Diego San José. Como al espectador le cuesta menos reírse que llorar, piensa que es más fácil hacer reír que llorar. Y no, hay una técnica, hay que aprenderla. Te lo tienes que currar.
Como al espectador le cuesta menos reírse que llorar, piensa que es más fácil hacer reír que llorar. Y no, hay una técnica, hay que aprenderla. Te lo tienes que currar”
P. Usted se embarra en todos sus personajes, indistintamente de dónde los encarne.
R. He tenido una suerte increíble. He podido trabajar con personas con un talento inmenso. Que te lo ponen fácil en el sentido de que te subes a una barca ya construida.

P. Pero también hay que saber remar ahí, ¿no?
R. Yo necesito admirar. Y si me rodea gente a la que admiro, yo estoy supertranquila. A mí me gusta que me dirijan. Tengo que ver que tienen claro lo que quieren. Nunca voy con propuestas. Espero que me cuenten qué quieren y, a cambio, intento hacerlo. Me remango y abro los ojos y los oídos y empiezo a amasar.
P. ¿Qué es lo que más le gusta de la interpretación?
R. Meterme en la piel de personajes que nada tienen que ver contigo. También te digo que hacer de ti misma es lo más difícil. Cuanto más alejado de ti es un rol, lo ves con más distancia y es más sencillo de crear. Mira que nos gusta hacer de enfermos, de psicópatas… Habitar cuerpos que no tienen nada que ver contigo es superexcitante. Cuando encarnas personajes, tienes que escucharles, oír sus secretos. Como solo los has escuchado tú, es un material que te quedas para trabajar. Ahora, cuando se acaba la jornada, ahí se quedan. Nunca me los llevo a casa.
P. ¿Nunca ha atravesado malos proyectos? Busca trabajar con quien admira, pero alguna vez habrá salido mal…
R. En realidad, como es muy difícil sacar adelante cualquier proyecto, el milagro es que las cosas lleguen a buen puerto. Nunca todo va bien.
01:50
Tráiler de ‘Aída y vuelta’
P. ¿Rechaza muchos proyectos?
R. Depende del año, eh. También depende de lo que sea. Me da como cosilla decirlo, porque no quiero que un “no” mío suene a desprecio. Y a veces no es que el proyecto sea malo, sino que no es para ti, o en ese momento tú no lo sientes. Tampoco me gusta repetirme. Tras Celeste, ¿cómo voy a hacer otra inspectora de Hacienda? Piensa en Aída, que fue un pelotazo enorme y, de hecho, probablemente tú y yo estamos hablando hoy aquí gracias a esa serie. Bueno, pues luego me llegaron otros personajes de señoras de la limpieza, y mira, ya hice casi seguro el mejor papel de ese tipo.
P. Usted ha tenido además un enorme éxito, incluso con propuestas arriesgadas.
R. Es que yo no hago cosas comerciales solo porque vayan a ser comerciales. Otra cosa es que quiero que todo lo que hago tenga éxito. Sobre todo, por los productores. A mí lo de encasillar… No me preocupa, es una tontería. Solo quiero pasarlo bien. Para hacer una comedia, tiene que ser muy buena para que la disfrute. Si no, me aburro como una mona. Y yo aburrirme yendo a trabajar… Creo que es incompatible trabajar con aburrirse. No debería ocurrir. Al menos yo disfruto de ese privilegio.

P. Una de las razones del Nacional está en ese triple salto mortal que es Aída y vuelta. ¿No se pensó mucho volver a un personaje de la serie que voluntariamente abandonó?
R. No me fui mal, cuidado. Es que nunca había estado tanto tiempo en un proyecto, y eso no me gusta. Fíjate que en teatro, incluso con obras que eran goce puro, tampoco hago giras largas. Sentí que ya no le estaba aportando la energía necesaria a Aída. Y esa era mi responsabilidad. Ahora bien, Paco León es un genio. En cualquier cosa que haga, me tendrá a su lado. Y en su propuesta había mucha imaginación sobre una supuesta verosimilitud. Cuando leímos todos el guion, fue un desconcierto. Yo me perdí leyéndolo, no lo entendía, y eso me gustó. Sentí que estaba escrito por alguien que sabe muchísimo más que yo.
P. ¿Cuándo supo que quería ser actriz?
R. Desde que nací. Mi habitación, que compartía con uno de mis hermanos, estaba, en mi lado, llena de fotos de actores y actrices. Los niños son grandes actores, tienen una capacidad para querer conseguir lo que quieren… Hasta los bebés lloran sin lágrimas para obtener algo. Siempre entendí el código: tú sufres, pero no te salpica. Lloras, aunque te quedas impecable para poder controlar todo lo que está pasando alrededor, como la posición de la cámara. Solo una vez sucumbí al dolor, y fue en el teatro con Helena de Troya. Decidí que jamás me lo volvería a permitir.
P. Con 17 años ya actuó profesionalmente en el teatro en Bodas de sangre. ¿Habrá referencias en su discurso a Lorca?
R. Obviamente, que encima es año lorquiano.

P. ¿Y a la actualidad?
R. No. Los discursos para hablar de cosas tan importantes requieren de un tiempo. Y aquí no toca. Prefiero no meterme en ello demasiado. Desde luego, si recuerdas a Lorca como autor, hay que decir que fue asesinado. Pero prefiero centrarme en recordar que las primeras palabras que salen por mi boca profesional fueron de García Lorca.
P. ¿Por qué le fascina tanto el tenis?
R. En general, todos los deportes. Y del tenis, mi pasión es Rafa Nadal. Te recomiendo que leas Open, la biografía de Andre Agassi. Ahí dice que los actores somos atletas de élite, y lo descubrió cuando salió con Brooke Shields. Es increíble la cabeza que tienen los tenistas, su control mental, para manejarse en cada punto y controlar el aguante físico. Y cómo encaran todo eso al final en soledad. Me gustan los deportes de equipo, porque el cine es un trabajo de equipo. Antes me daba vergüenza decir que me gustaba el futbol. Sonaba, en el mundo del teatro, a poco culto.
P. ¿Nunca se ha planteado dirigir?
R. Quita, quita. Jamás. No creo tampoco que lo natural sea pasar de actor a director. Puede que quien haga ese viaje sea porque se le haya agotado la energía en la interpretación y, de hecho, la mayoría de los actores que dirigen no vuelven a la actuación. Yo no quiero abandonar la interpretación. Y dirigir es una movida. Me gusta mucho mi labor, y no tengo, además, ese carácter especial que se necesita para dirigir.