Dos días antes de las elecciones de 2022, que se celebraban el domingo 5 de junio, un médico murió asesinado a balazos en Juchitán, en el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca. Medios locales informaron entonces de que al menos dos personas habían interceptado la camioneta del médico en las calles del municipio. Se habían emparejado por el lado del conductor y habían disparado hasta en 11 ocasiones. La víctima murió minutos más tarde en el lugar. El ataque, uno más en la sufriente Juchitán, llegó a la prensa nacional en México porque empezó a extenderse el rumor de que el médico era operador del candidato de Morena a la gubernatura, Salomón Jara. Además de una tragedia, el ataque ensuciaba la recta final de campaña.
Jara ganó la elección el 5 de junio y el caso quedó en el olvido durante unos días. Desde el equipo de campaña del futuro gobernador, explicaron que la víctima, Carlos Eduardo López, no era operador de Jara, sino simpatizante de Morena. Algunos medios apuntaron que había participado en la campaña para ratificar el mandato del entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador, en abril. Pero nada más. Una semana después del atentado, la fiscalía estatal detuvo a dos personas. Una de ellas era Nicandro Ferra, delegado del Instituto Catastral del Estado (ICEO) en Juchitán y el municipio vecino de Tehuantepec. Ferra había sido funcionario del ayuntamiento, encabezado por Emilio Montero, de Morena. Poco más se supo.
“Ahí empezamos a descubrir a Los Cromos”, explica una fuente conocedora del caso y de la historia criminal reciente en el istmo. “Al parecer, este Ferra organizó el atentado y contó para eso con El Fayo”, explica. El Fayo es Rafael De Jesús Álvarez, originario de Juchitán. Su nombre ha aparecido en prensa en las últimas semanas, al calor de las detenciones registradas en el municipio. Desde el 23 de septiembre, las autoridades han capturado al alcalde, Miguel Sánchez, al que fue comisario de policía y a dos de sus secuaces, La Parka y El Cromo, todos partes del mismo entramado criminal. Las autoridades les acusan de extorsión, narcomenudeo, secuestros y homicidios. La Fiscalía local ha dicho que de los 957 asesinatos registrados durante los últimos cuatro años en el istmo, aproximadamente el 70 % son cosa de esta red.
Vista la crisis política, el Congreso de Oaxaca optó por desaparecer los poderes municipales. La sensación en la zona es que las capturas representan, sin embargo, apenas la punta de un iceberg monumental. Fayo, por ejemplo, sigue libre. Según la fuente mencionada arriba, él es verdadero cabecilla del grupo criminal, al menos de su vertiente violenta. Entrevistas realizadas a vecinos, activistas y antiguos funcionarios estos días matizan que Los Cromos eran el brazo ejecutor de un grupo político encabezado por el exalcalde, Emilio Montero, que hasta finales de septiembre dirigía el todopoderoso Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), por nombramiento de Jara. Cuando las autoridades federales detuvieron al alcalde de Juchitán, Miguel Sánchez, que había sido secretario municipal en tiempos de Montero, este dejó el IEEPO, aunque negó todo vínculo con el crimen.
Documentos e información de fuentes federales sostienen la acusación contra Montero. Ya en 2019, por ejemplo, la comandancia de la VIII Región Militar, con sede en Oaxaca, manejaba un perfil del recién llegado alcalde de Juchitán, en que señalaba sus “posibles vínculos con Antonino Morales, quien está relacionado con el robo de hidrocarburos en San Blas Atempa”. Actual senador por Morena, Morales fue presidente municipal de San Blas, no muy lejos de Juchitán. Consultadas esta semana, fuentes de primer nivel del Gabinete de Seguridad afirman que ya en esa época se sabían de los “malos manejos” tanto de Morales como de Montero. La fuente experta en la historia criminal reciente del istmo constata los señalamientos a Morales y sus vínculos con el huachicol.
La historia de Los Cromos, de Montero y Morales, de la violencia que ha sufrido el istmo estos años, confluye en el asesinato del médico, en 2022. La Fiscalía nunca lo ha podido probar, pero la dependencia intuía que detrás del ataque yacía un pleito entre Montero y Morales, que hasta entonces habían convivido sin problemas e incluso habían colaborado. La fuente conocedora de la historia criminal del istmo señala que las pesquisas por el caso del doctor acabaron por dibujar toda la red criminal en Juchitán. En algún momento, también, esa red criminal se alió con el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). “Fayo estaba con ellos”, dice esta fuente. También El Cromo, detenido esta semana en Jalisco, lo estaba.
El crecimiento de Los Cromos y su red en Juchitán ocurría al calor del desarrollo del corredor interoceánico, el tren que uniría la costa de Oaxaca con la de Veracruz y la docena larga de parques industriales que debían construirse junto al trazado, obras que empezaron en 2020. Todas las fuentes consultadas señalan que Los Cromos, Montero, Sánchez y Morales fueron durante un tiempo la misma cosa. Y como parte de sus negocios incluyeron parte del trabajo de construcción del corredor, formal o informalmente. Así lo dice, por ejemplo, la periodista Soledad Jarquín, que perdió a su hija en un ataque a balazos, en Juchitán, en 2018, durante la campaña electoral que acabó con Emilio Montero como alcalde. “Con el tren del istmo, se les rebasa el vaso. Porque al final, estos grupos tienen trabajos de acarreo de material pétreo”, explica.
“Lo que sucedía en Juchitán era un secreto a voces. Todo el mundo sabía quiénes eran, quién lideraba, qué tan inmiscuidos estaban algunos funcionarios”, sigue Jarquín, que hace un año publicó un libro sobre el caso de su hija y el contexto de colusión político-criminal en la región. Mario Quintero, de la Asamblea de Pueblos Indígenas del Istmo, se refiere a la red en términos parecidos. “Para quienes vivimos aquí, no hay sido una sorpresa, porque todos estos hechos los sabíamos, pero nadie lo decía por las consecuencias”, argumenta. “Aquí, en general, el problema no es la detención del alcalde, sino todo lo que ha destapado”, añade. Quintero opina que la ruptura entre Montero y Morales, fuera cuando fuera y por lo que fuera, detonó la violencia en la región. Y zanja: “¿Por qué agarraron fuerza estos grupos? Esa es la pregunta, cómo crecieron, cómo consiguieron financiamiento y control”.