María Eugenia “Maru” Campos activó el modo kamikaze. La gobernadora de Chihuahua ha decidido jugarse la piel en un embate en contra de la presidenta Claudia Sheinbaum, de la dirigente de Morena Ariadna Montiel, y del candidato morenista a la gubernatura chihuahuense en 2027: a los dos últimos los acusa de nexos con el narco, y a la primera de presidir un “gobierno de la muerte”.
La política mexicana, tan dada al tremendismo y adicta a las emociones fuertes, destrabó un nuevo nivel en la polarización que marca la vida nacional. Maru Campos, nacida hace medio siglo, en los años en que la regla no escrita de la prensa era evitar críticas al titular del Ejecutivo, al Ejército y a la virgen de Guadalupe, ha emprendido inédita e histriónica diatriba en contra de la presidenta Sheinbaum.
Campos sacudió a México la noche del jueves al revelar al periodista Carlos Loret de Mola detalles de una conversación privada entre ella y la presidenta Sheinbaum, ocurrida en un pequeño local del aeropuerto de Ciudad Juárez. No hay precedente de un político desnudando el contenido de una audiencia presidencial a las pocas semanas de sucedida, pero en la forma en que lo hizo la panista, menos aún.
La gobernadora de Chihuahua describió lo más parecido a un pleito destemplado, donde ambas, la opositora y la jefa de Estado habrían descuidado la investidura que respectivamente les fue conferida por el electorado, a la primera en 2021, a la segunda en 2024. En la forma y en el fondo se advierte, de ser medianamente fiel la versión de la chihuahuense, descuidos y excesos de amateur por parte de las dos.
Y si las formas son estrambóticas, que incluyen al menos una palabra altisonante que la presidenta le habría dicho justo al despedirse ese 19 de septiembre, en el fondo la cosa es igual o más grave: según Campos, una presidenta “fuera de sí” le habría reclamado meter a México en un problema bilateral con Estados Unidos al aceptar a la CIA en operativos, el haberle llamado “presidenta de la muerte” y el admitir en la torre Centinela (instalación del gobierno de Chihuahua) a agentes estadounidenses.
Maru Campos ha dicho que negó a la presidenta que supiera de la presencia de agentes de la CIA en operativos como el ocurrido en abril pasado, en el que tras una inspección de un narcolaboratorio murieron en un accidente serrano dos miembros de la agencia estadounidense. Igualmente, la gobernadora asegura que dijo a Sheinbaum que no permite la participación de EEUU en su gobierno.
Y aunque dijo no recordar el haber nombrado a la mandataria federal como “presidenta de la muerte”, sí dijo en cambio que el gobierno de la morenista es justamente eso, tanto por supuestas fallas a la hora de combatir a la delincuencia organizada como al desatender llamados de estados como Chihuahua, no solo en temas de inseguridad sino de salud.
“Yo también la regañé”, ha sido una de las frases que oronda dijo el jueves Campos al referirse a su intercambio de acusaciones con la presidenta. La gobernadora detalló que reprochó a la presidenta presuntas ligas desde 2021 de Ariadna Montiel —líder nacional de Morena y quien tras bambalinas y a pesar de ser funcionaria federal operó en ese año la campaña de su partido— con el narcotráfico.
Y en el mismo sentido, tachó de narcocandidato a Cruz Pérez Cuéllar, expresidente municipal de Ciudad Juárez y ganador de la interna morenista para la candidatura a gobernador en 2027. La gobernadora dijo que ante las acusaciones que hizo, la presidenta Sheinbaum respondió “muy a la defensiva”, y en su relato se atribuye el haber sido quien bajó el tono del intercambio para que la cita no acabara peor.
La presidenta comentó ayer la entrevista de Campos confirmando el tono de la audiencia. “Fue de momentos de tensión”, declaró Sheinbaum cuestionada en su mañanera. La mandataria dijo que instó a Campos a que, si tenía pruebas en contra de Montiel, la denunciara y reveló que la chihuahuense le habría dicho que había encontrado corrupción en el actuar del exfiscal César Jáuregui, hoy preso.
Campos siguió este viernes su ronda de entrevistas y en una de ellas, con Ciro Gómez Leyva, negó a su vez los dichos de Sheinbaum en cuanto a que ella, como gobernadora, tuviera noticias de malos pasos de Jáuregui, destituido desde abril luego del operativo donde participó la CIA y quien es visto como víctima de traición política por parte de la chihuahuense, que lo “habría entregado” en un pacto con Claudia.
Es innecesario abundar sobre lo que la propia Campos ha denominado este viernes como una “guerra de dimes y diretes” entre ella y la presidenta. Lo que sí es relevante, en cambio, es registrar que, en su cruzada, la gobernadora ha dicho que decidió revelar una conversación cuyo contenido se había pactado como reservado luego de que en 19 ocasiones Sheinbaum le llamara traidora a la patria.
No tengo rodilleras, ha dicho la panista, para negar que haya negociado con “fascistas” morenistas la cabeza del exfiscal, su colaborador a lo largo de tres lustros y quien desde el fin de semana pasado está en el penal de alta seguridad del Altiplano, acusado por la Fiscalía General de la República de traición a la patria, un delito que no tiene precedente en décadas, y menos contra un opositor político.
Se sabía que la temporada electoral rumbo al 2027, cuando se renovarán 17 gubernaturas incluida la chihuahuense y la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, traería turbulencias. Pero la vehemencia de Campos ha tomado a todos por sorpresa. Es al mismo tiempo una muestra de arrojo como una señal de lo precario de los mecanismos existentes hoy para procesar diferendos políticos.
“Hasta donde tope”, ha repetido en varias de sus entrevistas con medios Maru con respecto a su decisión de tensar la cuerda frente al gobierno federal, al que acusa de armar un “circo político” con su acusación de traición a la patria contra el exfiscal Jáuregui. Para la gobernadora, su tour de medios en la capital de la República era necesario porque la Federación, dijo, ve todo en clave electoral.
El relato de la entrevista con Sheinbaum en Ciudad Juárez, forzada por la gobernadora luego de enterarse de que la presidenta haría una gira por su estado a la que no había sido convocada, incluyó, según la panista, un abrazo de despedida, que fue cuando Sheinbaum habría reconocido que “no tenía un pelo de pen…” (Campos no dijo la palabra completa a Loret).
En esa misma entrevista a Loret, la más larga de las cuatro que concedió hasta la mañana del viernes, Campos dijo una frase cargada de peso histórico. Es imposible saber si se dio cuenta de lo que implicaba al calificar el abrazo que ella y la presidenta se dieron como el “de Acatempan”, en referencia al gesto que marcó la reconciliación en 1821 entre realistas e insurgentes. Dado que Morena reclama que son herederos de esa “transformación” que independizó a México de España, ¿Maru se asume como heredera de los realistas?
De todo este episodio, que revienta la posibilidad de una colaboración entre un estado clave en México como Chihuahua y el gobierno federal (Campos ha dicho que de cualquier forma la Federación no dio puntual seguimiento a lo que acordó en Ciudad Juárez con la presidenta), está claro que la gobernadora decidió jugarse el todo por el todo, ¿qué en cambio gana la presidenta Sheinbaum?
A lo largo del sexenio se ha repetido la pregunta de quién cuida a Claudia Sheinbaum.
Se hace obligado formularla de nuevo. La autoridad de la mandataria federal es puesta en entredicho por una opositora que, acorralada, expone una imagen de una presidenta que se trenza en reclamos destemplados, retratada como “alguien fuera de sí” y cuyo gobierno un mes después de ocurrido el mal momento fue incapaz de reconducir esa relación para que no estallara mediáticamente.
No es que en tiempos de Morena se haga política de otra forma, o que alguien extrañe formalismos de tiempos priistas. Es que si lo que dice en privado la presidenta de la República cualquiera se siente en capacidad de revelarlo, aderezado de acusaciones de “fascista” y gobernante “de la muerte”, se abre un panorama donde las palabras son ataques que anulación el diálogo indispensable en la democracia.
Es obvio que tras sus entrevistas Maru Campos espera que cuando alguien pregunte dónde está la oposición, se le volteé a ver, a ella, en modo kamikaze. Lo que en cambio no es obvio es qué se debe responder cuando alguien cuestione sobre quién cuida la investidura presidencial de Claudia Sheinbaum.