Hablar de ricos y de pobres es delicado. La injusticia suele campear al transitar dichos terrenos. Casi siempre con la obligada lapidación de los ricos y una exaltación sin miramientos a los pobres, haciendo caso omiso de que hay ricos buenos y malos, y pobres buenos y malos. Se sufre más siendo pobre, obvio, y por ello es inevitable tener simpatía por el que poco tiene y cuestionar al que todo lo tiene.