Faltaba únicamente la confirmación, que Wimbledon reabriera oficialmente sus puertas a uno de los dúos más legendarios y simbólicos que han pasado por sus pistas y que después de un largo periodo de runrún, todo el mundo esperaba. “Bienvenidas de nuevo. Juntas otra vez”, proclamó este martes el grande inglés para anunciar que las hermanas Williams volverán a competir de la mano en la edición que comenzará el día 29 en el All England Lawn Tennis & Croquet Club. El torneo ha concedido finalmente una invitación a las estadounidenses —solo para el dobles, en el caso de la segunda— y, por tanto, el tenis abraza ya una reunión difícil de imaginar: quimérico pensar que una seguiría en activo a sus 46 años y que la otra, de vuelta a los 44, retomaría la raqueta después de haberse retirado hace cuatro temporadas.
Serena reapareció la semana pasada en Queen’s, formando pareja y venciendo con la joven Victoria Mboko, y este martes compitió en Berlín con una nueva compañera, Karolina Muchova, a causa de la lesión de rodilla que sufrió la canadiense. Cedieron por un doble 6-4 ante Erin Routliffe y Giuliana Olmos. Todo ello con un objetivo de fondo: fusionarse de nuevo con su hermana y en el escenario en el que ambas dejaron una huella imborrable, ya fuera en el formato individual o el dobles. Venus se coronó en cinco ocasiones y Serena en siete, y juntas lo consiguieron seis veces; la primera de ellas hace 26 años, cuando batieron a Julie Halard y Ai Sugiyama, y la última hace una década, cuando superaron en la final a Timea Babos y Yarolslava Shvedova.
En total, las norteamericanas se hicieron con 14 majors, además de tres oros olímpicos (Sídney 2000, Pekín 2008 y Londres 2012), y por encima de todo consiguieron extrapolar su genuino sello individual a la modalidad por parejas; esto es, esa potencia y esa agresividad tan características, cultivadas desde que su padre Richard inoculase en las dos niñas del suburbio de Compton (Los Ángeles) el deseo enfermizo por ganar a toda costa. Materializar su obsesión. Serena y Venus triunfaron en Londres en 2000, 2002, 2008, 2009, 2012 y 2016, y no perdieron una sola gran final juntas: 14-0. Como pareja alcanzaron la cúspide en junio de 2010 y en términos históricos tuvieron un impacto más que considerable.

Con sus 14 títulos igualaron el registro de Gigi Fernandez y Natasha Zvereva, superado solamente por los 20 que logró el tándem formado por Martina Navratilova y Pam Shriver. Y, en el territorio londinense, los seis trofeos que alzaron las sitúan al nivel de Suzanne Lenglen y Elizabeth Ryan; es decir, en lo más alto del palmarés a partir de la Era Abierta (1968).
París, paradójico origen
“Es el Williams Slam”, denominó Serena a la serie de cuatro grandes que ganaron entre 2009 y 2010, amplificando de esa forma el dominio que ya habían ido imponiendo en solitario. Tan solo las dos parejas mencionadas con anterioridad consiguieron ganar cuatro Grand Slams consecutivos; unas entre 1983 y 1984, y las otras entre 1992 y 1993. “Es muy difícil vencer a una Williams, así que cuando juegas contra dos, aún lo es más”, añadía entonces Venus. Ambas explicaban por aquella época que el experimento de su padre definía también la posición de cada una en la pista: la mayor perfilada hacia el revés y la menor hacia la derecha. “Lo hizo de ese modo porque yo era más bajita”, decía la última, “y desde entonces siempre ha sido así”.
Paradójicamente, el primer éxito de las hermanas se enmarcó sobre la arena de Roland Garros, el terreno que más se les ha resistido. Sucedió en 1999, la fecha en la que Serena conquistó el primero de sus 23 grandes individuales. “Jugar sola es fantástico, pero hacerlo junto a tu hermana, con alguien de tu propia carne y tu propia sangre, todavía es mejor”, expresaba la tenista, quien tuvo que desdoblarse hasta en cuatro ocasiones —solamente está por encima Navratilova, cinco— para hacerse con el doblete en Wimbledon (2002, 2009, 2012 y 2016).

Ella y su hermana, pura intuición, todo química. Una conexión especial que parte de principios de los noventa, cuando ambas fueron reclutadas por la academia de Ricki Macci, en Florida, y empezaron a competir en los torneos nacionales de su país. “Nos entendemos solo con la mirada. Y cuando una está abajo, la otra la levanta. Todo fluye de manera natural, y no hay nada mejor que eso”, indica Venus, cuyo recorrido en los últimos tiempos no ha pasado de la discreción; en concreto, la tenista más veterana en activo (ya sea hombre o mujer) acumula nueve derrotas en sus diez últimas apariciones individuales y ha logardo un triunfo en los seis compromisos de dobles en 2026.
“Ella es la verdadera jefa”, asegura Serena, quien más allá de las dos pruebas efectuadas en esta reaparición sobre la hierba, con Mboko y Muchova, solo formó tres veces con otra jugadora que no fuera su hermana. Ocurrió en 2015, emparejada entonces con Alison Riske en una serie de la Copa Federación; en 2020, con la danesa Caroline Wozniacki en Auckland; y en 2022, secundada en Eastbourne por la tunecina Ons Jabeur. “Al ser la mayor, me toca [mandar] a mí…”, le corresponde Venus. De fondo, el balance registrado por las dos es de 125 victorias y 17 derrotas; es decir, su promedio de efectividad juntas alcanza el 88%. La última vez que se alinearon fue en el US Open de 2022 y ahora será Wimbledon, cómo no, el lugar de un reencuentro muy especial.