
“Aquí ya estamos en prisión. No somos libres”, confiesa Serge (nombre ficticio), con una mezcla de cansancio, resignación y miedo que atraviesa toda su narración. Su testimonio muestra cómo la vida se vuelve asfixiante cuando ser homosexual se cruza con vivir con VIH en Senegal, donde los dos estigmas se superponen. Este joven senegalés no habla de barrotes físicos, sino de un clima social donde la vigilancia constante, el juicio ajeno y el temor a ser descubierto condicionan cada gesto cotidiano.

